En el fondo del mar

Eleazar se quedó tieso. Tenía ganas de gritar todo lo que daban sus pulmones. Por un momento pensó así, pero luego se calmó. Se acordó de Raquel. No podía hacerla asustar.

Por ella tenía que mantenerse sereno.

Eleazar y Raquel, ambos habían «perdido» a sus padres. Ahora les tocaba cruzar solos el mar. No tenían a nadie a su lado para alentarlos.

Tengo que actuar rápidamente –se dijo Eleazar–. No hay tiempo que perder. Se nos viene encima la caravana.

Eleazar tomó a Raquel fuertemente de la mano. No debían perderse el uno del otro.

–Ya verás que encontraremos a tu papá –dijo Eleazar tratando de consolar a la niña perdida–. Mis padres también han avanzado. No los veo.

–¿Cómo los vamos a encontrar entre tanta gente? –dijo Raquel–. ¡Tengo miedo!

–No te preocupes. Dios nos va a ayudar.

–No me sueltes, Eleazar. No sé cómo me voy a animar a cruzar el mar. ¿Qué pasará si las olas se nos vienen encima?

Raquel se acercó más a Eleazar. No quería estar sola.

La única salvación

En ese momento Eleazar creció. Se puso grande. Había alguien que lo necesitaba, que se sentía segura a su lado.

No tengo que decepcionar a Raquel, pensó Eleazar.

–Todos tenemos que cruzar el mar. Es nuestra única salvación –dijo Eleazar–. Escuché a mi papá decir que Dios ha separado el mar. Él nos va a ayudar a cruzarlo.

Tanta emoción había en el aire que Raquel se olvidó de llorar. Unas horas antes las olas habían golpeado la playa. Ahora, era tierra seca. ¡Qué emocionante aventura meterse allí!

Al principio los niños iban bien apretados en medio de la caravana de gente. Los empujaban de aquí para allá; no solo la gente, sino también las vacas y los toros. Eso no le gustó a Raquel.

–¿Por qué no vamos por un costado? –le dijo Eleazar–. Allí hay menos gente.

–Sí, ¡vamos! –respondió Eleazar.

Se acercaron hacia uno de los altos muros de agua. Éstos se levantaban hacia el cielo como inmensas torres.

Los niños podían escuchar el rugido de la tormenta por encima de sus cabezas. Pero junto a los muros de agua había calma.

Ya que se habían separado de la gente que empujaba, caminaron con más calma. Había muchas cosas interesantes que mirar y descubrir. El muro de agua los había cautivado.

El muro de agua

Los niños miraban asombrados el muro de agua. ¿Cómo podía estar parada el agua? ¿Por qué no se juntaban las olas? ¡Tenían que investigarlo!

Se acercaron todo lo posible al muro de agua. Eleazar alargó el dedo y pegó un grito de asombro. ¡El muro era duro!

Eleazar miró hacia adentro y dijo:

–¡Mira, Raquel! Se pueden ver los peces. Allá va un pez redondo. No he visto antes peces redondos. Por allá va uno con cola punteada. ¡Qué divertido!

Eleazar y Raquel apretaron sus narices hacia el agua. Era como estar mirando los peces en un gran acuario.

Mientras miraban vino hacia ellos un pez grandote. Parecía que nadaba directamente hacia el lugar donde estaban.

–¡Nos va a comer! –gritó Raquel.

«Pof, pam, bum, puf», fue la respuesta. El pez se había chocado contra el muro.

–¡Estaba por comerme! –se quejó Raquel.

–Imposible –respondió su valiente defensor–. El pez no puede salir. Está dentro del muro.

–MFelizmente; no hubiera querido ser el almuerzo del pez.

–¡Ven! –le apuró Eleazar–. Nos estamos quedando atrás.

Casi toda la caravana de israelitas había llegado a la otra orilla. Pronto los niños olvidaron la aventura con el pez que se había quedado sin almuerzo.

Raquel y Eleazar avanzaron por en medio del mar tomados de la mano.

MIS PERLITAS

Aquí está todo el material relacionado con esta historia.

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