Un camino en el mar

Eleazar no podía dormir. Estaba mirando la nube de fuego. Y sentía el frío del viento.

–Mamá, ¿por qué hay tanto viento? –preguntó nuestro amiguito.

–No te lo puedo decir –le respondió su madre–. Creo que nuestro Dios va a hacer algo grande. Moisés ha hablado y ha dicho que no tengamos miedo. El Señor va a pelear por nosotros.

Eleazar se acomodó en los brazos de su madre. Era un lugar seguro y caliente. Necesitaba abrigarse porque el frío de la tormenta le penetraba hasta los huesos. Pronto se quedó dormido otra vez. En las alas del sueño se fue lejos… lejos… lejos.

En el campamento de los israelitas el viento siguió soplando toda la noche.

Eleazar había dormido varias horas cuando volvió a despertarse. Todo el campamento estaba de pie. La gente se movía de un lado para otro. Los niños corrían y saltaban. Todos miraban hacia el mar.

«¿Dónde está el mar?»

Tan pronto se sacudió el sueño y la frazada, Eleazar se levantó. ¿Qué había pasado? De dos tres saltos estaba de pie sobre la colina más cercana.

–¿Dónde se ha ido el mar? –preguntó espantado.

Ayer Eleazar había admirado las inmensas olas. Ahora todo era tierra seca.

–Mamá, ¿trasladaron el campamento mientras yo dormía? –preguntó asustado–. No estamos en el mismo lugar.

Eleazar se acordaba muy bien de las rocas que había cerca de la colina. Él las había admirado porque parecían niños saltarines. Ah, ¡allá estaba su papá! Pegó un salto y corrió hacia él.

–¡Papito, se ha ido el mar! ¿Qué es lo que ha pasado?

–El mar se ha dividido, hijo. Mira hacia la derecha y mira hacia la izquierda. Las aguas se han colocado como dos grandes muros.

Eleazar no lo podía creer. En su cabecita de niño empezaron a dar vueltas preguntas y más preguntas.

–¿Cómo es posible? ¿Quién lo ha hecho? ¿Cómo las aguas pueden estar paradas?

Nadie podía darle respuestas. Sólo se escuchaba la voz fuerte de Moisés a través de la tormenta. Pero el viento se llevaba las palabras.

Después de un buen rato recibieron el mensaje. Lo pasaban de hombre a hombre.

«Crucemos el mar»

Moisés daba órdenes de marcha. Todos tenían que cruzar el mar. Debían caminar por el camino que se había abierto en las aguas.

¡Qué alboroto hubo en ese momento! La gente no sabía si se iba a animar a caminar por el fondo del mar. ¿Si de repente el agua se les venía encima? Todos se ahogarían…

Eleazar escuchaba todo lo que la gente decía.

–Moisés se ha vuelto loco –murmuraba un hombre–. ¡Qué locura meterse a caminar por el mar!

–Si no nos ahogamos, vamos a quedar atrapados en la arena. Nos vamos a hundir en el lodo.

–Nunca he escuchado una orden tan absurda. Mejor sería volver a Egipto.

–Todos nos vamos a morir.

El papá de Eleazar no se pudo quedar callado y dijo:

–¿No comprenden que es Dios el que ha separado las aguas? ¿Creen que un hombre podría hacer algo semejante? ¡No! Es un milagro. Dios quiere librarnos del faraón.

Eleazar miraba con admiración a su padre. ¡Qué valiente era! Seguro que todo va a salir bien –pensó el muchacho–. Si Papá lo ha dicho no voy a desconfiar. ¡Voy a cruzar el mar!

¡Qué gran movimiento había esa mañana! Hombres y mujeres; niños, jóvenes y ancianos; vacas y ovejas… todos se alistaban para cruzar el mar.

Delante de los millones de israelitas iba Moisés, con la vara bien en alto; a su lado iba Aarón… ¡todos listos para marchar!

El próximo capítulo: El cruce del mar

MIS PERLITAS

Allí hay multimedia, láminas, actividad bíblica, versículo, hoja para colorear.

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