Cada día es un regalo

Mi padre tuvo muchos «relagos». Dios le concedió 97 años de vida. El martes Dios lo llamó a su presencia. Él aprovechó bien su tiempo y ha dejado un legado de fe. Ese mismo día a mí me atacó la influenza. Mis estimados, estoy muy enferma. Oren por mí.

Les sugiero que lean la historia 211, de enero 2014. Hay una historia ilustrada.

Aquí está: Cada día es un regalo

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La Promesa que se cumplió en Belén

MIS PUERTAS ABIERTAS TE ESPERAN

A rústico albergue llegaste, Señor.
Ni un sitio te hicieron en todo el mesón.
Apenas las bestias te dieron calor,
Y allí entre pajas naciste, Señor.

A todas las puertas tu madre llamó,
Y nadie a su angustia la puerta le abrió.
Hallaste la vida cerrada al amor
Y sólo un pesebre el hombre te dio.

Florece en mi vida la nueva canción
Que al mundo trajiste naciendo en Belén.
No importa que encuentres cerrado el mesón.
Mis puertas abiertas te esperan, Señor.

FRANCISCO E. ESTRELLO

 

Con el nacimiento de Jesús se cumplió la gran promesa
de Dios de enviar un Salvador.

 

DIOS DIO UNA PROMESA

«Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.» Génesis 3:15

En el principio, cuando Dios creó el mundo y a Adán y Eva, nuestros primeros padres, ellos vivían felices en el huerto del Edén. Pero desobedecieron a Dios y dejaron entrar el pecado.

La desobediencia trajo tristes consecuencias. Ya no podían vivir en el hermoso huerto en comunión con Dios. Pero Dios en su gran amor les dio una promesa: un día enviaría un Salvador para restaurar la comunión con Dios.

DIOS CUMPLE SU PROMESA

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Gálatas 4:4,5

Durante cuatro mil años las personas esperaron el cumplimiento de la promesa de Dios. Tal vez algunos pensaban que Dios se había olvidado de su promesa.

Pero no era así. Dios siempre cumple lo que promete. Un día nació el Salvador Jesús. En la Navidad celebramos su nacimiento.

CRISTO CONSUMÓ LA PROMESA 

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8

No era suficiente con el nacimiento del Salvador; era necesario que Jesús diera su vida por nosotros. Él murió en la cruz para perdonar nuestros pecados. Antes de morir, Jesús dijo: «Consumado es».

Cuando Jesús dijo esto significaba que había cumplido la promesa. Lo que Dios prometió en el huerto del Edén, Cristo lo cumplió en la Cruz.

CREO EN LA PROMESA

«El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.»  Juan 3:36

Dios prometió un Salvador, y el Salvador vino. Esto quiere decir que por medio de Él tenemos vida eterna.  Jesús nos dará en el cielo la corona de la vida.

ESPERO LA GRAN PROMESA

«No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.»
Juan 14:1-3

Pronto Jesús volverá otra vez para llevarnos al cielo. Él está preparando un lugar para cada uno que creen en Él. Jesús vino la primera vez para cumplir la promesa que Dios dio a Adán y Eva en el huerto del Edén. Jesús volverá otra vez, porque Él mismo lo ha prometido. ¡Será un día maravilloso!

«EL QUE CREE EN EL HIJO TIENE VIDA ETERNA.»

Si aún no has entregado tu corazón al Señor y lo has recibido como tu Salvador, hazlo ahora. Jesús quiere ser tu Salvador personal.

En LA PERLITA hay material para acompañar a esta historia.

 

Bety y la muñeca de Navidad

Era el mes de la Navidad. Los niños del Club Tesoros hablaban de regalos y lo que esperaban recibir. Doña Beatriz decidió contarles la historia de una niña que aprendió que hay más gozo en dar que en recibir, y que el bien que hacemos a otros, vuelve a nuestra vida.

Bety tenía una muñeca que sus padres le habían comprado con mucho esfuerzo. Ella les había rogado tanto, tanto que decidieron prescindir de algunas cosas que necesitaban en el hogar para que ella tuviera la muñeca. La recibió en Navidad.

¡Qué alegría sintió Bety al tener la muñeca de sus sueños! Los primeros días la llevaba a todas partes; comía con la muñeca y dormía con la muñeca. Al poco tiempo, pasó la novedad y la muñeca quedó tirada en un rincón del dormitorio.

Bety volvió a los juegos que le encantaban. Trepaba árboles con sus hermanos, jugaba a las escondidas con los niños vecinos, saltaba a la soga con sus amigas, y jugaba con su rubics.

UNA COLECTA DE JUGUETES

Un día la mamá de Bety le dijo que en la iglesia estaban haciendo una colecta de víveres y juguetes para alegrar a algunas familias en Navidad. Le sugirió que regalara su muñeca.

¿Su muñeca? ¡Nunca! No quería regalar su muñeca.

–Hijita, no juegas con la muñeca –le dijo su mamá–. Otra niña se puede alegrar muchísimo si se la regalas.

Bety se puso muy terca y por poco hace pataletas.

–¡No, no! ¡Es mí muñeca! ¿Por qué tengo que regalarla?

La mamá no insistió; solo le dijo:

–Hijita, el bien que haces a otros, vuelve a tu vida.

El pastor había animado a todos en la iglesia a dar algo para alegrar la Navidad de algunas familias. Bety reconoció que su muñeca había pasado casi todo el año tirada en un rincón; pero era su muñeca y no quería regalarla.

Abrazó a su muñeca querida y le susurró al oído: «¿Por qué tengo que regalarte? ¡Eres mía! ¡Siempre serás mía!»

Esa noche fue difícil para Bety dormir. Solo podía pensar en la muñeca y en alguna niñita que podría alegrarse al recibirla. Sus padres habían ahorrado dinero para comprarle la muñeca y ella no la había apreciado. ¡No merecía tener esa muñeca!

Al fin decidió que la regalaría. ¡Sorpresa, sorpresa! Al decidir ser generosa, se durmió tranquila.

TODOS DIERON ALGO

Cada uno en la familia regaló algo que le era precioso. Pepe regaló su auto de juguete, Yolanda regaló su chompa favorita, Andrés regaló su avioncito, y Olga regaló su pelota. ¿Y Bety? Aunque un poco de mala gana, regaló su muñeca.

–Dios te bendiga, hijita –dijo su mamá–. No olvides que el bien que haces a otros, vuelve a tu vida.

–Dios bendiga a cada uno de mis hijos por su generosidad –dijo el papá–. La Biblia dice que Dios ama al que da con alegría. Me siento contento de tener hijos generosos.

Al día siguiente la mamá llevó la caja a la iglesia. Bety se preguntaba quién tendría la suerte de recibir su muñeca.

SORPRESA EN NOCHEBUENA

Pasaron los días y llegó la Navidad. Bety casi se había olvidado de la muñeca que había regalado.

En Nochebuena toda la familia se reunió para celebrar el nacimiento del Salvador. El papá abrió su Biblia y leyó la historia de la primera Navidad. Fue interrumpido por alguien que tocó la puerta.

La mamá fue a ver quién era y regresó con una caja grande.

¡Qué emoción! Bety y sus hermanos se reunieron alrededor de la caja. Era la primera vez que recibían una caja con regalos en Nochebuena. Había un regalo para cada uno de los niños. Cuando Bety abrió su regalo, ¡era su muñeca!

–¡Mi muñeca! –gritó Bety con todas sus fuerzas, y la abrazó.

La mamá de Bety tenía razón: el bien que hacemos a otros, vuelve a nuestra vida.

SEAMOS GENEROSOS

Bety nunca ha olvidado la lección que aprendió esa Navidad acerca de la generosidad.

Cuando damos con generosidad, cosechamos con abundancia. Era verdad lo que había dicho la mamá de Bety, que una niña se alegraría mucho al recibir la muñeca. Bety no se había imaginado que ella sería esa niña.

–Sean generosos –dijo doña Beatriz–­. Nunca se sabe cómo el bien que hacemos volverá a nuestra vida.
­

–Yo quiero ser un dador como panal de miel –dijo Sal.

–A veces soy como esponja –dijo Pimienta–. Tienen que exprimirme para que dé. Pero quiero aprender a ser generoso.

–Tengo una muñeca que puedo regalar ­–dijo Pepita–. Quiero dársela a una niña que no tenga muñeca.

Así, ese día, los niños del Club hicieron planes para ser generosos y alegrar con sencillos regalos a muchos niños.

¿Quisieras tú ser un dador como panal de miel?

LOS DADORES

En MIS PERLITAS hay lindo material que acompaña a esta historia.

 

Mira el video de la historia: https://www.youtube.com/watch?v=H1VkqgePKJ8

 

La generosidad de Abram

Cuando Dios llamó a Abram y le prometió que haría de él una nación grande, Abram salió de su tierra y fue a una tierra que Dios le mostraría. Abram salió sin saber adónde iba. Pero estaba seguro de que Dios lo iba a guiar.

En el largo viaje hacia una tierra desconocida, Abram y su esposa Sarai, recorrieron como 1.650 kilómetros (mil millas). Demoraron días, semanas, y meses. En el viaje los acompañó su sobrino Lot con su familia.

Abram era un hombre rico. Tenía mucho ganado y muchos siervos. Una vez llevó a 318 de sus siervos para defender a su sobrino contra reyes que le hicieron guerra. Eso fue porque Abram y Lot se habían separado. ¿Por qué se separaron?

ABRAM Y LOT SE SEPARAN

Lot también era un hombre rico en ganado. Hubo peleas entre los pastores de Lot y los pastores de Abram. La tierra de Canaán, adonde Dios había llevado a Abram era hermosa, con lindos prados para el ganado. Aun así no era suficiente para que viviesen ambos juntos.

Abram y Lot eran buenos amigos; pero era un problema que había peleas entre los pastores de ellos, porque no había pasto suficiente para todo el ganado. A veces los pastores se confundían entre las ovejas de Lot y las de Abram.

–Querido sobrino –le dijo Abram a Lot–, no quiero que haya peleas. Es mejor que nos separemos. La tierra es grande y espaciosa; no hay porqué pelear. Si tú vas a la izquierda, yo voy a la derecha. Si tú vas a la derecha, yo voy a la izquierda. Escoge, sobrino.

Lot miró la tierra que estaba delante de él. Vio un valle hermoso y fértil, con lindos pastos para el ganado. Lot escogió la mejor tierra. Así fue como las dos familias se separaron.

Lot, con todo lo que le pertenecía, fue a vivir en la tierra que había escogido. Abram, a quien Dios le dio todas esas tierras, se quedó a vivir en las colinas.

UN HOMBRE GENEROSO

Abram era bueno. No le importó que Lot haya escogido lo mejor. Él sabía que Dios estaba con él y que lo seguiría ayudando en todo. Dios habló nuevamente a su amigo Abram:

«Levanta la vista y mira desde el lugar donde estás; mira hacia el norte y el sur, hacia el este y el oeste. Todo lo que ves será para ti y tu descendencia para siempre. ¡Recorre todo el país, porque a ti te lo daré!»

Dios vio el corazón generoso de Abram y le confirmó la promesa de hacerlo una nación grande. Para que todos supieran esto, Dios le cambió el nombre de Abram a Abraham, que significa padre de muchos.

A Sarai, la esposa de Abram, Dios le puso el nombre de Sara, que significa princesa.

Abraham y Sara eran ancianos y no tenían hijos. ¿Cómo podría Abraham ser padre de muchos? A los cien años de edad Dios le dio un hijo, Isaac. Con ese hijo se cumplió la promesa. Nuestro buen Dios siempre cumple lo que promete.

DIFERENTES DADORES

Al contar esta historia a los niños del Club Tesoros, doña Beatriz les habló de tres clases de dadores:

1. Dadores como piedra.

Para conseguir algo hay que darles duro con el martillo, y sólo salen chispas y polvo. A duras penas dan una limosna.

2. Dadores como esponja.

Para obtener agua hay que exprimir la esponja; mientras más se exprime, más agua da. A muchas personas hay que empujarlas para que den.

3. Dadores como panal.

El panal de miel se desborda con su propia dulzura. Hay dadores que sienten alegría al dar, sin que nadie les pida favores. La Biblia dice que Dios ama a quienes dan con alegría.

Ser generoso es como sembrar semilla. Más semilla, mayor cosecha. No demos lo que nos sobra, sino algo de valor para nosotros.

Si Roberto está comiendo unas ricas uvas, y viene su hermanito, y Roberto le dice: «Toma las que quieras», esa es una actitud generosa. Pero si Roberto de mala gana le invita con las más feas de sus uvas, eso no es generosidad.

UN REGALO GENEROSO

–Esta semana, cada uno haga un regalo generoso –les dijo doña Beatiz a los niños del Club–. Obsequien algo que tengan, no que compren. Denlo a un niño o a una niña que lo necesite más que ustedes. No regalen algo que no les sirve, o que les sobra, y háganlo con alegría.

Digamos que tienes una caja de galletas. No te las comas tú solo, sino compártelas. Sentirás la alegría de ver a todos felices comiendo las ricas galletas.

Sal, Pimienta, Pepita, Estrella, y los demás niños del Club decidieron ser generosos para alegrar a un niño o a una niña.

¿Y tú? ¿Qué puedes hacer para alegrar a alguien?

En MIS PERLITAS hay lindo material para acompañar a esta historia.

Instrucciones: Arbolito navideño

 

Cada estrella tiene nombre

A Estrella le encanta ver el cielo estrellado. Cuando ella nació sus padres le pusieron el nombre de Estrella, porque era una niña muy especial. Dios le ha dado un cromosoma extra, que para Estrella es un cromosoma de amor. Cada vez que sus padres miran las estrellas, dan gracias a Dios por haberles dado una Estrella muy especial, su amada hijita.

¿Has visto un cielo estrellado? Millares de lucecitas iluminan la noche y cuentan la gloria de Dios. Son prueba del infinito poder de nuestro Creador. Cada estrella tiene un nombre, que Dios mismo le ha dado. ¿Verdad que es maravilloso?

CUENTA LAS ESTRELLAS

En el Club Tesoros nuestra amiguita Estrella aprendió acerca de la promesa que Dios dio a Abraham. Hace miles de años, el Señor lo llamó para que sea el padre de una nación escogida. De su familia un día iba a nacer el Salvador. Esa nación es Israel.

Una noche de cielo estrellado, Dios le dijo a Abraham que saliera afuera y que mirara las estrellas, a ver si las podía contar. Le prometió que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas de los cielos y la arena del mar.

¿Has tratado alguna vez de contar las estrellas? Los astró-nomos, científicos que estudian los astros, dicen que hay más estrellas en el universo que la arena del mar. Solo Dios sabe cuántos conjuntos de estrellas y planetas hay, llamados galaxias.

En cada galaxia hay cientos de miles de millones de estrellas. 2.000.000.000 es un estimado del número de galaxias. La cantidad es tanta que demorarías semanas y meses en contar las estrellas. ¡Tan grande y admirable es nuestro Dios!

Estrella, la nueva amiga de Pepita, admira las estrellas. En las noches las mira por la ventana; a veces sale afuera a mirar. No solo mira las estrellas sino también la luna, esa hermosa bola blanca.

Estrella también admira cuando el sol se pone en las tardes, con hermosos colores de amarillo, naranja, violeta, rosado y rojo. Es como que Dios toma un pincel gigante y pinta el firmamento.

UNA ORQUESTA DE ESTRELLAS

Estrella y los niños del Club aprendieron que el sol es 400 veces más grande que la luna y que está 400 veces más lejos. La luz del sol viaja con mucha rapidez; tan rápido que puede rodear la Tierra siete veces en un segundo. ¡Imagínate! Un segundo es como un pestañeo. El sol viaja con la increíble velocidad de 299.792 kilómetros por segundo.

Comparada con el sol, la tierra es tan pequeña como una pelota de ping-pong. En el universo, los humanos somos como hormigas. Tan inmenso es el mundo de Dios.

Cuando doña Beatriz dijo que las estrellas cantan, Pimienta no lo podía creer. ¿Cómo una estrella puede cantar? La buena vecina le dijo que leyera el Salmo 148, versículo 3.

–El libro de Salmos está en el centro de la Biblia –dijo Sal, y le ayudó a encontrar el versículo.

Pimienta leyó:

–Alábenlo, sol y luna, alábenlo, estrellas luminosas.

TELESCOPIOS GIGANTES

Doña Beatriz habló a los niños de los telescopios que se usan para mirar las estrellas. Les explicó que hay telescopios gigantes que captan los sonidos que emiten las estrellas. Algunos sonidos se oyen rítmicos; otros suenan como violines.

–¡Así que Dios tiene una orquesta! –exclamó Estrella.

–¡Y a cada estrella en la orquesta Dios le ha dado nombre! En Isaías 40:26 dice que Dios ordena la multitud de estrellas una por una, y que llama a cada una por su nombre.

–¿Las estrellas tienen nombre? –preguntó Estrella, asombrada.

–¿Verdad que es maravilloso? –dijo doña Beatriz–. ¡Dios tiene un nombre para cada estrella! Y con los telescopios gigantes se han descubierto los sonidos de las estrellan que alaban a Dios.

Para que todos escucharan la música de las estrellas, doña Beatriz hizo tocar un video que había encontrado en YouTube. ¡Qué novedad para contar a los amigos en la escuela!

–Voy a preguntar a mi maestra si ella ha escuchado la música de las estrellas –dijo Pimienta, muy decidido.

MÁS IMPORTANTE QUE LAS ESTRELLAS

Así como hay muchísimas estrellas, hay también mucha gente; más de siete mil millones de personas en el mundo. Si entre todos nos tomáramos de la mano, ¡rodearíamos el mundo casi trescientas veces!

¡Tantas personas hay! Lo maravilloso e importante es que Dios conoce a cada una. Nos parece emocionante que Dios conoce las estrellas y les da nombre; pero más grandioso es que te conoce a ti. Dios sabe tu nombre y se preocupa por cada detalle de tu vida. Tanto le interesa todo acerca de ti que hasta tiene contados los cabellos en tu cabeza.

El grande y poderoso Dios, que tiene galaxias de estrellas, te ama tanto que vino al mundo en la persona de Jesús, para ser tu Salvador. Te invita a que recibas en Jesús el perdón de tus pecados y la vida eterna. ¡Vales mucho más que las estrellas!

 

ESCUCHA EL VIDEO:  https://www.youtube.com/watch?v=OLDWKpAkRHs

 

EN mis perlitas HAY HOJA PARA COLOREAR Y ACTIVIDADES.