Una gran sorpresa para Sal

Pepita estaba emocionada. Era su cumpleaños y doña Beatriz había organizado una fiesta en su jardín. Los invitados eran todos los niños del Club Tesoros.

Como cuando celebraron el cumpleaños del perrito Dino, el jardín estaba decorado con globos y había una mesa con refrescos. Lo que más llamó la atención de los niños era un círculo grande de madera lleno de globos. Con supervisión de doña Beatriz hicieron tiro al blanco con un dardo. En los globos habían preguntas.

En una de las preguntas doña Beatriz había dibujado una Biblia. El que recibiera esa pregunta y la contestara, iba a ganar una Biblia. Pero había premios para todos.

–Yo quiero ganarme la Biblia –decía Sal y se daba vueltas, saltando y aplaudiendo–. ¡Quiero tener mi propia Biblia!

Cuando le tocó tirar su dardo, cerró los ojos antes de lanzarlo, y oró en silencio: «Jesús, ayúdame a ganar.»

UNA BIBLIA PARA SAL

Para Sal, ese momento fue el más feliz, porque su dardo fue a dar en el globo con la pregunta que tenía el dibujo de una Biblia. «¿Qué hizo Naamán después de zambullirse en el Jordán y ser sanado?» era la pregunta.

–Naamán hizo lo que debemos hacer todos cuando recibimos algo –dijo Sal–. Él fue a dar las gracias a Eliseo.

–Eliseo no quiso recibir los regalos de Naamán –agregó Pepita.

–Naamán decidió que ahora iba a servir a Dios –dijo Pimienta.

Sal estaba un poco impaciente y movía en alto el papelito que tenía el dibujo de una Biblia. Doña Beatriz entonces felicitó a Sal y le dio una Biblia, tal como la que había recibido Pepita.

Como Sal era un niño respetuoso, hizo una venia al agradecer a la buena vecina. Mirando a su amiga Pepita, dijo:

–Gracias, Pepita, por cumplir años. Así, hicimos fiesta, ¡y me gané la Biblia! La próxima vez espero que le toque a Pimienta.

LOS 20 MILAGROS DE ELISEO

Siguieron tirando dardos, reventando globos, y respondiendo a preguntas. Cada uno esperaba que le tocara una pregunta fácil, aunque cualquier pregunta es fácil si uno sabe la respuesta.

Después de los juegos todos se reunieron para escuchar la historia, una historia de un milagro sorprendente.

En la Biblia tenemos escritos 20 milagros de la vida de Eliseo; seguramente hubo más.

Nuestro amiguito Sal nunca iba a olvidar que Eliseo echó sal en las aguas de Jericó, ¡y se sanaron las aguas!

Lo más emocionante para Pepita era recordar que el aceite de una viuda no se acababa. El aceite en su vasija seguía fluyendo y fluyendo. ¡Cómo le hubiera gusta estar allí! La viuda vendió el aceite y pagó todas sus deudas.

Para Pimienta lo más interesante era el hacha que flotó. Cuando oyó la historia no podía creer que era cierto; pero ahora sí lo creía. Con tantos milagros que Dios había hecho por medio de Eliseo, comprendió que Dios también podía hacer que flotara un hacha.

Pimienta había hecho la prueba con un martillo en la cisterna de su casa; pero el martillo se hundió.

Dios no es un hada madrina y no hace milagros a nuestro antojo y sin propósito. Los milagros que Dios hace son para que su nombre sea glorificado. Así también era con Eliseo.

Los otros niños del club también dijeron el milagro que les había impresionado. A una niña le llamó mucho la atención el cuarto de huéspedes que le hicieron a Eliseo en Sunem. Ella quería animar a su mamá para que hicieran un cuarto así en su casa; pero no había espacio disponible.

EL MILAGRO MÁS SORPRENDENTE

Uno por uno doña Beatriz repasó los milagros. Luego llegó al más sorprendente, especialmente para los muchachos. Cuando algunas de las niñas oyeron cuál era el milagro les dio asco.

¿Qué pasó? Eliseo ya anciano, enfermó y murió. Como se hace con los muertos, lo sepultaron. Al año, hubo una invasión de unas bandas de los moabitas. Unas personas que iban a sepultar a un muerto, se asustaron al ver a los moabitas y arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo.

Entonces pasó lo sorprendente. Cuando el cadáver tocó los huesos de Eliseo, revivió, y el hombre se levantó. Tanto poder había en este siervo de Dios, que aun después de su muerte hubo milagros.

¡A Sal le pareció una maravilla!

FIEL HASTA EL FIN

–En la Biblia de Sal he marcado el Salmo 119:33. Quisiera que todos lo recordemos –dijo doña Beatriz–. Nuestro amigo Sal lo va a leer. Cumplamos siempre la Palabra de Dios.

¿Quieres leer los milagros de Eliseo? Lee 2 Reyes 2 al 7. Eliseo fue fiel a Dios hasta el fin. Cumplió todo lo que Dios le mandó a hacer. ¿Quisieras tú también ser fiel a Dios?

En MIS PERLITAS hay lindo material que acompaña a esta historia.

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