Cuatro leprosos y las buenas noticias

Pepita estaba emocionada. Era su cumpleaños y doña Beatriz había organizado una fiesta en su jardín. Los invitados eran todos los niños del Club Tesoros.

Doña Beatriz tenía muchas sorpresas para los niños. Antes de empezar con los juegos y las competencias, tenía una historia asombrosa para contarles. ¡Cuatro leprosos salvaron a una ciudad de morir de hambre!

EL HAMBRE EN SAMARIA

En la ciudad de Samaria, donde vivía el profeta Eliseo, la gente se moría de hambre. Tanta era el hambre que algunos aún se comían a sus hijos. ¿Qué había pasado?

Ben-adad, el rey de Siria, había movilizado todo su ejército para hacerle guerra a Joram, el rey de Israel.

Como las ciudades en aquellos tiempos estaban protegidas por grandes muros, los soldados de Ben-adad no pudieron entrar en Samaria, pero hicieron su campamento alrededor de la ciudad, y nadie podía salir a buscar comida.

Los primeros días, cada uno comía lo que tenía en casa; pero poco a poco las despensas quedaron vacías. Los niños lloraban y pedían pan, y las mamás no sabían qué hacer.

Tan poca comida había, que la cabeza de un burro costaba ochenta monedas de plata, lo que un obrero ganaba en un mes.

–Le voy a cortar la cabeza a Eliseo –dijo el rey–. Él tiene la culpa. Me ha dicho que Dios nos va a ayudar, y Dios no nos ayuda.

Eliseo estaba sentado en su casa juntamente con algunos ancianos de la ciudad. En ese momento Dios le dijo lo que el rey pensaba hacer.

–Cierren la puerta –dijo Eliseo–. El rey ha mandado un mensajero para que me corte la cabeza.

Apenas terminó de hablar, vino el mensajero del rey. Eliseo le dijo que al día siguiente habría abundante comida para todos.

–¿Quieres que crea eso? –dijo el mensajero del rey–. Aunque Dios abriera ventanas en los cielos, eso no sería posible.

–Lo verás –dijo Eliseo–. Pero tú mismo no comerás nada.

EL EJÉRCITO SIRIO

¿Qué hacían los soldados del rey Ben-adad? Sólo esperaban que la gente de Samaria se diera por vencida.

De repente, oyeron el ruido de muchos carros y caballos. Parecía como que un gran ejército venía hacia ellos.

–¡Socorro! ¡Socorro! –gritaron asustados–. Los samaritanos han pedido ayuda a otros reyes y ahora vienen contra nosotros.

–¡Escapen por sus vidas! –gritó el general–. ¡Suelten todo!

Se escaparon asustados, dejando sus cosas en el campamento.

LOS CUATRO LEPROSOS

A la puerta de la ciudad estaban cuatro leprosos.

–¿Por qué nos quedamos aquí hasta morir? –dijeron unos a otros–. Aquí no hay comida y en la ciudad no hay comida. Vamos al campamento de los sirios a ver si nos dan algo para comer.

Al anochecer los leprosos se levantaron y fueron al campamento enemigo. Se acercaron de puntillas, tal vez un poco nerviosos porque no sabían cómo los iban a recibir.

¡Sorpresa! El campamento de los sirios estaba vacío. ¡No había allí ni un solo soldado!

Entraron en una carpa y encontraron la cena puesta en la mesa. Felices, se sentaron a comer. Luego, tomaron vestidos, oro y plata y fueron a esconderlo. Después, entraron a otra carpa e hicieron lo mismo.

–Esto no está bien –se dijeron–. Hoy es un día de buenas noticias, y no las estamos dando a conocer. Estamos comiendo y bebiendo, mientras que la gente en Samaria muere de hambre. ¡Vamos a la ciudad a avisar que aquí hay comida!

LAS BUENAS NOTICIAS

–Traemos buenas noticias –gritaron los leprosos a los guar-dias de la ciudad–. No hay nadie en el campamento de los sirios. Hay comida en abundancia.

Los guardias dieron la noticia al rey. Primero él pensó que era un truco de los sirios; pero después se arriesgó y mandó a algunos de sus hombres para que vieran si era cierto.

¡Era verdad! La gente de Samaria corrió a saquear el campamento. Había alimentos, vestidos, mantas, oro, plata… ¡todo lo que habían dejado los soldados sirios al escapar!

El rey puso a la puerta de la ciudad al mensajero que se había burlado de Eliseo. La gente lo atropelló al entrar con las cosas que habían rescatado del campamento enemigo. Vio la comida; pero no comió, tal como había dicho Eliseo. ¡Murió atropellado!

–El mensajero no participó de la fiesta –dijo doña Beatriz–. No creyó las palabras del profeta. En nuestro club anunciamos las mejores noticias, el evangelio de Jesucristo. Jesús nos invita a creer en Él y recibir la salvación. Un día habrá una gran fiesta en el cielo. Quisiera que todos estemos allí.

Los niños hicieron muchas preguntas. Algunos no habían oído hablar de la fiesta en el cielo. ¿Sabes tú que Dios te invita a una fiesta en el cielo? Cree en Jesús como tu Salvador.

En MIS PERLITAS hay lindo material que acompaña a esta historia.

 

Te invito a leer:  Creada con propósito

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