Jaime y el huevito de Pascua

Jaime era un muchachito alegre de doce años de edad; pero tenía un problema. Su cuerpo  había desarrollado casi normalmente pero su mente era como la de un niño de siete años.

A veces Jaime actuaba como los muchachos de su edad pero otras veces se portaba como un niño de segundo grado. Su profesora tenía poca paciencia con él.

JAIME Y SU MAESTRA

Un día la maestra habló con los padres de Jaime. Les dijo que debían poner a su hijo en una escuela para niños con necesidades especiales. Eso los sorprendió, porque Jaime estaba contento en su escuela y amaba mucho a su maestra. No había cerca de allí una de esas escuelas.

La maestra pidió a Dios que la ayudara a tener paciencia con Jaime. A veces él entraba al salón gritando con fuerza: «La quiero mucho, maestra.» Entonces la señorita Doris se ponía roja como un tomate.

UN HUEVO DE LA NUEVA VIDA

Se acercaba la Semana Santa. La maestra contó a sus alumnos la historia de la muerte y resurrección de Jesús. Les dijo que Jesús vino para darnos vida nueva. Después dio a cada uno de los niños un huevo de plástico vacío.

–Quiero que cada uno ponga en su huevo algo que represente la nueva vida que Jesús vino a darnos –dijo la señorita Doris–. Traigan mañana sus huevos.

Todos respondieron con entusiasmo; todos menos Jaime. Él sólo miraba atentamente el rostro de la maestra. No quería perderse ni una palabra de lo que ella decía. La maestra, a su vez, se preguntaba si Jaime había comprendido la tarea que les había asignado.

LA CANASTA CON HUEVOS

Al día siguiente todos los niños llegaron entusiasmados, cada uno con su huevo de plástico. Pusieran los huevos en una canasta que la maestra tenía en su pupitre. Después de la clase de matemáticas ella los abriría.

Cuando abrió los huevos, ¿qué crees que encontró?

En el primer huevo había una flor.

–La flor es una buena representación de vida nueva –dijo la maestra.

Luego abrió otro huevo. En ese huevo había una oruga. Era el huevo de Rosita. Ella sonrió alegre cuando la maestra dijo:

–La oruga crece y se transforma en mariposa. ¡Qué buena representación de vida nueva!

La señorita Doris siguió abriendo huevos. Algunos tenían una cruz o un clavo.

Cada huevo tenía algo que representaba que Jesús murió por nosotros.

EL HUEVO VACÍO

Después llegó a un huevo que estaba vacío. La maestra se quedó callada y pensativa.

–Maestra, ¿no va a decir nada acerca de mi huevo? –preguntó Jaime, entusiasmado.

Un poco nerviosa, la maestra respondió que el huevo estaba vacío.

LA TUMBA VACÍA DE JESÚS

–Sí, profesora –dijo Jaime–. Mi huevo está vacío porque la tumba de Jesús estaba vacía.

–¿Sabes por qué la tumba estaba vacía? –le preguntó la maestra.

–Oh, sí –respondió Jaime–. Cuando Jesús murió en la cruz lo pusieron en una tumba. Pero Dios abrió la tumba y Jesús salió. Él no está muerto. ¡Jesús vive!

La señorita Doris se sintió avergonzada. Ella había dudado de Jaime. Pero ese muchacho, de mente poco desarrollada, era el que mejor había comprendido la vida nueva que Jesús nos da.

LA MARAVILLA DE LA SEMANA SANTA

La gran maravilla de la Semana Santa es que Jesús murió en la cruz, y que resucitó. ¡Él vive! Tenemos un Dios vivo, que está a nuestro lado en todo momento.

Jesús murió y resucitó para ser nuestro Salvador. ¿Has recibido a Jesús en tu corazón? Para ser salvo, cree en Jesucristo y recíbelo como tu Salvador. Esa es la decisión más importante de tu vida.

Mira la historia en YouTube:  El huevito de Pascua

En MIS PERLITAS encontrarás las ayudas para esta historia.

 

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