Daniel, el niño predicador

Una incubadora, ¿sabes lo que es? La incubadora es una urna de cristal, una cunita muy especial, para los niños nacidos antes de tiempo o los que tienen algún problema físico. La incubadora facilita el desarrollo de sus funciones orgánicas.

Daniel nació con un desperfecto en el corazón, tan grave que el médico que lo atendió pensaba que moriría. Inmediatamente fue puesto en una incubadora. El médico también dijo que Daniel pudiera haber sufrido daño al cerebro y que quizá quedaría paralítico.

Los padres de Daniel creían en Dios y en el poder de la oración. ¿Qué piensas que hicieron? Ellos oraron fervientemente al Señor y entregaron la vida de su pequeño bebé en manos de Dios.

DIOS SANA A DANIEL

A los ocho días de nacido y de haber estado en la incubadora, los padres de Daniel lo sacaron del hospital y lo llevaron al templo para dedicarlo al Señor. El papá de Daniel no sólo entregó a su pequeño hijo a Dios para que le salvara la vida, sino que lo dedicó al servicio de Dios.

Dios oyó la oración de los padres de Daniel y sanó al bebé, que se suponía que iba a morir. Daniel empezó a crecer normalmente y llegó a ser un niño muy simpático.

TENÍA DESEOS DE CONOCER A DIOS

Desde pequeño Daniel tuvo un gran deseo de conocer a Dios. Empezó a memorizar pasajes de la Biblia y asistió a la escuela dominical. Sus padres le contaban historias bíblicas y Daniel pasaba largos ratos pensando en lo que había escuchado. Él sabía que su vida era un milagro.

A Daniel le encantaba estudiar la Biblia. A veces estaba tan interesado en leer las historias bíblicas que no tenía tiempo para otras cosas.

NO ERA COMO OTROS NIÑOS

Daniel no era como otros niños; no tenía los mismos pasatiempos. Pero sus compañeros en la escuela lo respetaban. No se burlaban de él cuando les hablaba de Dios, porque veían que Daniel que era sincero en su fe.

Daniel cumplía con sus estudios. Sus maestras se fijaban en su buen comportamiento y escuchaban con atención cuando él les hablaba de Cristo.

NO JUGABA FÚTBOL

A Daniel le gustaban los deportes, pero no jugaba fútbol con sus amigos, porque usaban malas palabras. Daniel no aguantaba eso; prefería no jugar.

Cuando sus amigos jugaban a la pelota sin decir malas palabras, Daniel participaba.

Para Daniel, Jesús era su mejor amigo. Muchas veces se sentía preocupado por su amigos y compañeros de la escuela a quienes no les importaba estudiar la Biblia.

NIÑO PREDICADOR

A los once años de edad, Daniel ya era predicador. Con su papá salía a predicar en distintos lugares. Realizaba campañas de evangelismo y predicaba la Palabra de Dios bajo el poder del Espíritu Santo.

Daniel era como un árbol que crece junto a un río. Desde temprana edad su vida dio abundante fruto.

TÚ PUEDES SERVIR A DIOS

Para servir a Dios no tienes que ser predicador como Daniel. Pero sí puedes «predicar» el evangelio con tu vida. ¿Qué significa eso?

Predicar con nuestra vida significa ser fiel a Dios cada día. Si amamos al Señor Jesús lo mostramos con nuestro buen comportamiento en el hogar, en la escuela, en el vecindario, entre los amigos.

Lo más importante es que entregues tu vida a Jesús y lo aceptes como tu Salvador. ¡Sólo Jesucristo salva!

Jesús nos manda en su Palabra que anunciemos las buenas nuevas de su amor a toda criatura. Si has entregado su vida al Señor Jesús, pídele que te muestre lo que puedes hacer para cumplir la misión de predicar.

¿Qué harás esta semana para ser un «predicador del evangelio»?

¡Sé un buen siervo de Dios!

En MIS PERLITAS hay material para esta historia.

Para un estudio de cinco lecciones: Corazón misionero

Flores para Bety

Bety amaba a doña Clara. Era su vecina favorita. Doña Clara siempre estaba alegre, y cuando iba a hacer compras, casi siempre traía algo para los niños del barrio.

Un día Bety recibió un hermoso paquete de doña Clara. Se lo trajo Tito, su hijo mayor. ¡Qué emoción! Bety corrió al dormitorio y cerró la puerta con llave. Quería estar sola para ver que lo que doña Clara le había mandado.

UNA GRAN DESILUSIÓN

Con mucho cuidado, para no malograr el papel, Bety abrió el paquete… pero, ¡qué desilusión! En el paquete había un macetero con flores marchitas.

Bety se echó sobre la cama a llorar. ¿Qué le habré hecho a doña Clara para que me haga esto? ¡Ni más le voy a hablar! ¡No voy a ir a las clases bíblicas en su casa! ¡No, no voy a ir!

Pasaron dos días. En la tarde Bety se encontró con doña Clara en la tienda de la esquina. Volteó la cara para no tener que saludarla, aunque ella sabía que era feo hacer eso. Bety estaba muy enojada. Pero doña Clara la vio y, con una sonrisa, le preguntó:

–Dime, Bety, ¿recibiste mi regalo? ¿Te gustó?

–Sí lo recibí y ni más pienso ir a esas clases de Biblia que usted da en su casa. ¡No me gustan flores marchitas!

LA LUCHA EN EL CORAZÓN

–Bety –dijo cariñosamente la amable señora–, sólo quería darte una lección. Muchas veces te he preguntado si no quisieras entregar tu vida al Señor Jesús, y siempre dices que lo vas a hacer cuando seas viejita. ¿No te das cuenta de que el Señor te quiere ahora cuando eres niña? Tú quieres darle tu vida cuando Él ya no pueda usarla para mucho.

Bety estaba callada mirando al suelo. En su corazón había una lucha. Al escuchar a doña Clara comprendió muchas cosas. Cuántas veces Jesús le había dicho: «Dame tu corazón», y ella había contestado: «Cuando esté viejita.»

UNA FLOR FRAGANTE

–Tu vida es como una flor fragante y hermosa –siguió diciendo doña Clara–. Todavía tienes el perfume de una vida inocente y limpia. El Señor Jesús quiere conservarte siempre así. ¿No quisieras darle tu vida joven y hermosa, o quieres marchitarte en pecado y maldad?

–No me importa. Quiero hacer MI VIDA –dijo Bety.

EL LUGAR VACÍO

Llegó el día de la clase bíblica y el lugar de Bety estaba vacío. Pasaron varias semanas y Bety ya no iba a escuchar las clases. Doña Clara estaba muy triste; pero cada día oraba por Bety.

Los compañeros de Bety también oraban por ella, para que volviera a las clases. Pero más que nada para que Bety comprendiera la importancia de seguir a Cristo.

BETY SE ARREPIENTE

Una tarde, cuando doña Clara estaba limpiando su pequeño jardín, llegó Bety. Llorando, se echó al cuello de su querida vecina y, entre sollozos, dijo:

–Lo siento mucho, doña Clara. Me he portado muy mal. ¿Puede usted perdonarme?

–Sí, Bety. Por supuesto que te perdono.

–No quiero esperar más para entregar mi corazón a Cristo. ¿Quisiera ayudarme a hacerlo?

¡Qué alegría para doña Clara! Con mucho amor le explicó a la niña cómo entregar su vida al Señor Jesús.

–Jesús, perdóname por haberte rechazado –oró Bety–. Gracias porque diste tu vida en la Cruz para darme la salvación. Te doy mi vida. Quiero ser una flor fragante en tus manos. ¡Quiero servirte toda mi vida!

EL MEJOR DÍA

Para Bety fue un día inolvidable; el mejor de todos.

No hay nada mejor que entregar nuestra vida a Cristo. La Biblia dice que Dios y los ángeles en el cielo se alegran cuando un pecador se arrepiente.

¿Te has arrepentido? ¿Has entregado tu corazón a Cristo? Si no, hazlo ahora mismo. Dale la fragancia de tu vida cuando eres niño. No esperes hasta que seas grande.

En MIS PERLITAS está la historia para imprimir; hay una hoja para colorear, un póster, láminas, y actividad.

Jaime y el huevito de Pascua

Jaime era un muchachito alegre de doce años de edad; pero tenía un problema. Su cuerpo  había desarrollado casi normalmente pero su mente era como la de un niño de siete años.

A veces Jaime actuaba como los muchachos de su edad pero otras veces se portaba como un niño de segundo grado. Su profesora tenía poca paciencia con él.

JAIME Y SU MAESTRA

Un día la maestra habló con los padres de Jaime. Les dijo que debían poner a su hijo en una escuela para niños con necesidades especiales. Eso los sorprendió, porque Jaime estaba contento en su escuela y amaba mucho a su maestra. No había cerca de allí una de esas escuelas.

La maestra pidió a Dios que la ayudara a tener paciencia con Jaime. A veces él entraba al salón gritando con fuerza: «La quiero mucho, maestra.» Entonces la señorita Doris se ponía roja como un tomate.

UN HUEVO DE LA NUEVA VIDA

Se acercaba la Semana Santa. La maestra contó a sus alumnos la historia de la muerte y resurrección de Jesús. Les dijo que Jesús vino para darnos vida nueva. Después dio a cada uno de los niños un huevo de plástico vacío.

–Quiero que cada uno ponga en su huevo algo que represente la nueva vida que Jesús vino a darnos –dijo la señorita Doris–. Traigan mañana sus huevos.

Todos respondieron con entusiasmo; todos menos Jaime. Él sólo miraba atentamente el rostro de la maestra. No quería perderse ni una palabra de lo que ella decía. La maestra, a su vez, se preguntaba si Jaime había comprendido la tarea que les había asignado.

LA CANASTA CON HUEVOS

Al día siguiente todos los niños llegaron entusiasmados, cada uno con su huevo de plástico. Pusieran los huevos en una canasta que la maestra tenía en su pupitre. Después de la clase de matemáticas ella los abriría.

Cuando abrió los huevos, ¿qué crees que encontró?

En el primer huevo había una flor.

–La flor es una buena representación de vida nueva –dijo la maestra.

Luego abrió otro huevo. En ese huevo había una oruga. Era el huevo de Rosita. Ella sonrió alegre cuando la maestra dijo:

–La oruga crece y se transforma en mariposa. ¡Qué buena representación de vida nueva!

La señorita Doris siguió abriendo huevos. Algunos tenían una cruz o un clavo.

Cada huevo tenía algo que representaba que Jesús murió por nosotros.

EL HUEVO VACÍO

Después llegó a un huevo que estaba vacío. La maestra se quedó callada y pensativa.

–Maestra, ¿no va a decir nada acerca de mi huevo? –preguntó Jaime, entusiasmado.

Un poco nerviosa, la maestra respondió que el huevo estaba vacío.

LA TUMBA VACÍA DE JESÚS

–Sí, profesora –dijo Jaime–. Mi huevo está vacío porque la tumba de Jesús estaba vacía.

–¿Sabes por qué la tumba estaba vacía? –le preguntó la maestra.

–Oh, sí –respondió Jaime–. Cuando Jesús murió en la cruz lo pusieron en una tumba. Pero Dios abrió la tumba y Jesús salió. Él no está muerto. ¡Jesús vive!

La señorita Doris se sintió avergonzada. Ella había dudado de Jaime. Pero ese muchacho, de mente poco desarrollada, era el que mejor había comprendido la vida nueva que Jesús nos da.

LA MARAVILLA DE LA SEMANA SANTA

La gran maravilla de la Semana Santa es que Jesús murió en la cruz, y que resucitó. ¡Él vive! Tenemos un Dios vivo, que está a nuestro lado en todo momento.

Jesús murió y resucitó para ser nuestro Salvador. ¿Has recibido a Jesús en tu corazón? Para ser salvo, cree en Jesucristo y recíbelo como tu Salvador. Esa es la decisión más importante de tu vida.

Mira la historia en YouTube:  El huevito de Pascua

En MIS PERLITAS encontrarás las ayudas para esta historia.

 

El muchacho que ya no tuvo miedo

Teodoro vivía en la selva del África, donde había leones, elefantes, tigres, leopardos… Había muchos otros animales salvajes, que si tú los vieras seguramente tendrías miedo.

Teodoro era valiente y sabía defenderse de los peligros de la selva. Pero había algo que le daba mucho miedo.

Todos lo sabían. A veces los muchachos del pueblo donde vivía Teodoro se burlaban de él. ¿Qué le daba mucho miedo? ¡La oscuridad!

MIEDO A LA OSCURIDAD

En la selva del África la oscuridad puede ser tan negra como el carbón. Teodoro nunca quería andar solo de noche. Los leones y los tigres no le daban tanto miedo como la oscuridad.

Una noche, Teodoro y algunos de sus amigos estaban conversando con el misionero que había llegado al pueblo. ¿Sabes lo que es un misionero? Es alguien que lleva el mensaje del amor de Dios a otras tierras.

Los muchachos hablaban del temor. Aunque a veces se burlaban de Teodoro porque él no quería andar solo en la oscuridad, ellos también tenían temores. Los muchachos temían a los brujos y los espíritus malos.

El misionero les había enseñado acerca del Señor Jesús, que puede quitarnos el temor y darnos su paz.

–¿Sabían ustedes que Teodoro ya no tiene miedo? –dijo el misionero–. Él ha entregado su corazón a Cristo.

EL TÍMIDO TEODORO TOCA LA CAMPANA

Los muchachos no podían creer que el tímido Teodoro no tuviera miedo.

–Pidan a Teodoro que vaya a la iglesia a tocar la campana –les sugirió el misionero.

Todos se rieron. Eso les parecía imposible. Era de noche y no había luna. La oscuridad, de veras, era negra como el carbón. ¿Quién se atrevería a salir solo?

Entonces Teodoro salió a la oscuridad. Los muchachos se miraron asombrados. Al rato se escuchó el repicar de la campana de la iglesia. Cuando Teodoro regresó, los maravillados muchachos le preguntaron si no tuvo miedo.

Con una sonrisa, que mostraba sus hermosos dientes blancos, Teodoro les contestó que ahora amaba a Jesús y que ya no tenía tanto miedo.

GANÓ RESPETO

Desde ese día los muchachos ya no se burlaron de Teodoro. Cuando salió solo en la oscuridad y fue a tocar la campana de la iglesia, se ganó el respeto y la admiración de los que antes se habían burlado de él.

¿Crees que Teodoro ya no sentía miedo? Siempre temblaba un poco cuando salía a la oscuridad; pero el saber que Jesús estaba con él le daba ánimo. Cuando sus amigos le preguntaban cómo era que ya no tenía miedo, Teodoro respondía: «Amo a Jesús. Por eso no tengo miedo.»

DOS MISIONEROS VALIENTES

Muchísimos años antes de que Teodoro corrió a tocar la campana esa noche negra como el carbón, en una fría y oscura celda estaban sentados dos hombres, con las espaldas completamente heridas por azotes. Tenían los pies aprisionados en unas maderas llamadas cepos.

Esos dos hombres eran Pablo y Silas, dos misioneros que habían viajado a Europa para predicar el evangelio.

¿Por qué estaban en la cárcel? ¿Habían robado? ¿Habían matado a alguien? ¡No! ¿Qué habían hecho? Una muchacha adivina había sido sanada en el nombre de Jesús. Sus amos se enojaron porque ella ya no podía adivinar y traerles ganancias. Acusaron a Pablo y Silas ante las autoridades; por eso estaban en la cárcel.

Lee en Hechos 16:11-34 el emocionante milagro que Dios hizo para ponerlos en libertad.

NO TEMAS

En el frío de la noche Pablo y Silas cantaron alabanzas a Dios. No tenían miedo porque Jesús estaba con ellos.

Con la ayuda de Dios Teodoro venció sus temores. Así también tú puedes vencer el miedo.

Si contaras todas las veces que en la Biblia dice «no temas», encontrarías una para cada día. Dios quiere que sepas con toda seguridad que Él está contigo. ¡No temas!

En MIS PERLITAS están las ayudas para esta historia.