El príncipe y el pastor

El príncipe y el pastor eran los mejores amigos. El príncipe amaba al pastor como su propia vida. Un día hicieron un pacto de amistad y el príncipe le dio al pastor su manto; también le dio su túnica, su espada, su arco, y hasta su cinturón.

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El padre del príncipe odiaba al pastor y buscaba matarlo. Si te digo que este pastor había derrotado a un gigante enemigo, quizá recuerdes que has oído hablar de él. Y si te digo que el gigante se llamaba Goliat, seguramente te des cuenta de cómo se llamaba el pastor.

Sí, esta historia es acerca de David, y de su buen amigo Jonatán. Trágicamente, Jonatán murió en una batalla, y también su padre, el rey Saúl. ¿Crees que David se alegró de que su enemigo había muerto? ¡No! David lloró la muerte de Saúl. Y mucho más lloró por la muerte de su gran amigo Jonatán.

LA TRISTE SUERTE DE MEFI-BOSET

Jonatán tenía un hijo de cinco años, que se llamaba Mefi-boset. Cuando llegó la noticia de que el rey Saúl y su hijo Jonatán habían muerto en la guerra, la nana del niño lo cargó para escapar. Con el apuro, se le cayó a Mefi-boset y el pequeño quedó lisiado de los pies, cojo para siempre.

Dios había escogido a este pastor para que sea el próximo rey del pueblo de Israel. David fue proclamado rey y estableció la capital de su reino en Jerusalén. Pasaron los años. El rey estaba ocupado en defender su reino de los enemigos. Pero no se olvidó de su amigo Jonatán y del pacto de amistad que habían hecho.

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Un día, mientras pensaba en su amigo, David decidió averiguar si había alguien de la familia del Saúl a quien pudiera beneficiar en memoria de Jonatán.

MEFI-BOSET VISITA EL PALACIO

El que había sido administrador del rey Saúl y su familia se llamaba Siba. David lo mandó a llamar.

–¿Queda alguien de la familia de Saúl a quien yo pueda mostrar la bondad de Dios? –le preguntó el rey.

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¿Recuerdas al niñito que se había lastimado y estaba cojo? Él ya había crecido y era un hombre adulto. Siba le informó al rey acerca de Mefi-boset, el hijo de Jonatán.

–Su Majestad –dijo Siba–. Queda un hijo de Jonatán; pero está tullido de ambos pies.

Eso no le importó a David. Inmediatamente mandó a buscarlo. ¿Crees que Mefi-boset se emocionó? ¿O habrá sentido miedo? Él no sabía que su padre había hecho un pacto de amistad con David. Sin duda se sintió muy nervioso, preguntándose por qué el rey lo había mandado a llamar. Al llegar al palacio se inclinó ante el rey en señal de respeto.

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UN PRÍNCIPE RESTAURADO

–No tengas miedo –le dijo David–. Tu padre Jonatán y yo éramos muy buenos amigos. En memoria de él voy a cuidar de ti. Te voy a devolver todas las tierras de tu abuelo Saúl. Además, de ahora en adelante, comerás en mi mesa.

–¿Quién soy yo para que el rey se fije en mí? –dijo Mefi-boset–. ¡No valgo más que un perro muerto!

Para David Mefi-boset no era como un perro muerto; era muy valioso. ¡Era el hijo de su amigo! A él no le importó que Mefi-boset estuviera cojo y que la gente lo despreciara.

Mefi-boset le traía hermosos recuerdos de su amigo, con quien había hecho un pacto de amistad.

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–Todo lo que pertenecía a Saúl se lo entrego a Mefi-boset –dijo David a Siba–. Tú le cultivarás la tierra y todo la cose-cha será para Mefi-boset y su familia. Tus quince hijos y tus veinte criados te ayudarán.

Así fue. ¡De un día para otro todo cambió! Mefi-boset ya no era un cojo olvidado, sino un príncipe restaurado. A su servicio estaba toda la familia de Siba, el hombre que antes había sido el administrador de su abuelo.

Desde ese día Mefi-boset fue a vivir en Jerusalén, y siempre se sentaba a la mesa con el rey David.

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VALORA LA AMISTAD

La amistad es algo precioso. Salomón, el hijo de David, que fue el rey más sabio, dijo que «en todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia».

¿Tienes amigos? Valora su amistad. Sé un buen y fiel amigo como el rey David. En las buenas y en las malas, defiende a tus amigos. Sé un amigo más unido que un hermano.

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