Los dos deseos de María Elena

María Elena tenía un gran deseo. En realidad, tenía dos deseos. Uno le parecía muy difícil que se cumpliera. Pero a veces lo más difícil se cumple. ¡Lee y verás!

huerfana-y-biblia-co3María Elena era huérfana y vivía en un orfanato. Su gran deseo era que alguien la adoptara. Ella quería tener una familia, como sus compañeras en la escuela. Pero le parecía imposible. Pensaba que no había nadie que quisiera adoptarla.

Su otro deseo era de tener una Biblia propia. Un día que había salido del orfanato a hacer un mandado, vio a un grupo de gente en la plaza. Había un hombre que hablaba y ella quiso escuchar lo que decía.

MARÍA ELENA RECIBE A CRISTO

María Elena nunca antes había oído el mensaje de salvación. El hombre hablaba de Jesús y su amor por nosotros. Ella quedó muy interesada en escuchar cada palabra. Cuando el hombre hizo la invitación para los que quisieran entregar su vida a Jesús y recibirlo como su Salvador, María Elena fue la primera en responder.

Una gran alegría llenó el corazón de María Elena cuando entregó su vida a Jesucristo. Ella era huérfana, pero ahora tenía un Padre en el cielo que la amaba. Fue saltando por la calle para cumplir el mandado. En la mano llevaba un librito que le había regalado el hombre que le habló de Jesús. Evangelio según San Juan decía en la portada. El hombre le había dicho que lo leyera todos los días.

EL DESEO DE TENER UNA BIBLIA PROPIA

Al poco tiempo llegó al orfanato el hombre que María Elena había visto en la plaza. Él vendía biblias y libros cristianos. Ella le dijo que todos los días leía el librito que le había regalado, y que sentía paz y gozo en su corazón.

Entre las biblias que el hombre les mostró a las niñas había una que le gustó mucho a María Elena. Desde ese día ella no pensaba en otra cosa que obtener una de esas biblias. Pero, ¿de dónde sacaría dinero para comprarla?

María Elena empezó a hacer trabajos para ahorrar dinero y así comprar la Biblia. En las noches, antes de dormir, oraba a su Padre celestial y le contaba sus dos deseos: quería ser adoptada en una familia y quería tener una Biblia propia.

LA PAREJA QUE QUERÍA ADOPTAR

Un día, una de las otras niñas del orfanato vino corriendo a contarle a María Elena la última noticia, de que había llegado una pareja que quería adoptar una niña.

–¡Ojalá me escojan a mí! –exclamó la niña, y se fue para avisar a las otras niñas.

¡Cómo quisiera que alguien me adopte! pensó María Elena. Pero como estaba ocupada trabajando en plan de ahorro para comprar una Biblia, no se alistó para ir a ver a los visitantes. Pensaba que no la escogerían.

Todas las niñas se cambiaron de ropa, se peinaron, y se alistaron lo mejor posible para impresionar a la pareja que quería adoptar una niña. Todas… menos María Elena.

Después de entrevistar a las niñas, la directora y los visitantes fueron a la oficina. María Elena estaba barriendo afuera de la puerta y escuchó que los visitantes preguntaron si no había otras niñas además de las que habían visto.

–Sí, hay otra niña que ustedes no vieron. Es una niña buena pero no piensa en otra cosa que la Biblia. Creo que ustedes no quisieran adoptarla –respondió la directora.

Los ojos de María Elena se llenaron de lágrimas porque ella tenía muchos deseos de que alguien la adoptara. Le dolió mucho oír lo que dijo la directora.

Luego María Elena oyó la respuesta de la señora visitante:

–A pesar de lo que usted dice, señora directora, quisiéramos ver a esa niña. Quizá ella sea la niña que buscamos.

SE CUMPLIERON SUS DESEOS

De veras, así resultó. La directora llamó a María Elena. Los visitantes, que eran el señor Maldonado y su esposa, después de conversar con la niña decidieron adoptarla. ¡Qué alegría para ella!

Se cumplió el deseo que a María Elena le había parecido imposible. Lo mejor de todo era que los señores Maldonado amaban al Señor Jesús de todo corazón.

huerfana-y-biblia-coA los pocos días, María Elena se subió al automóvil de los Maldonado. En una maleta llevaba su ropa y en la mano tenía un hermoso regalo que le habían dado sus nuevos padres: ¡una Biblia exactamente como la que había deseado tener!

Se cumplieron sus dos grandes deseos. En las páginas de la nueva Biblia de María Elena, en el Salmo 37, había un versículo que la señora Maldonado había subrayado. La niña recién adoptada abrió su Biblia y lo leyó:

«Deléitate en el SEÑOR, y él te concederá los deseos de tu corazón.»

De nuevo los ojos de María Elena se llenaron de lágrimas; pero eran lágrimas de gozo. ¡Se habían cumplido sus deseos!

Dios conoce también los deseos de tu corazón. ¡Confía en Él!

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La Biblia que sobrevivió

El libro más amado y leído del mundo es la Biblia. ¿Sabías que fue escrito durante 1.600 años? ¿Cómo es eso? te preguntas. ¡Nadie puede vivir tanto tiempo! Es cierto; pero durante todos esos años Dios usó 40 escritores para darnos la Biblia. El Espíritu de Dios les inspiró lo que debían escribir.

LOS QUE ESCRIBIERON LA BIBLIA

Algunos escritores fueron ricos, otros pobres; unos fueron educados, otros incultos. Entre los que escribieron hubo un misionero, Pablo; un pescador, Pedro; un gobernador, Daniel; un cobrador de impuestos, Mateo.

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Otro escritor fue Lucas, un médico; el hombre más sabio, Salomón, escribió tres de los libros; uno de los escritores fue un caudillo, Josué. Un sacerdote, Ezra; un músico y poeta, David; un pastor de ovejas, Amós; un libertador, Moisés… todos escribieron la Biblia.

UNA BIBLIA TRADUCIDA AL INGLÉS

Para que tú y yo podamos tener la Biblia tuvo que ser traducida, porque no entendemos el idioma original. Imagínate que ha sido traducida a más de 2.500 idiomas. Sin embargo, aún hay muchos que no tienen la Biblia en su idioma; pero hombres y mujeres alrededor del mundo siguen traduciendo la Biblia. Dios quiere que todos tengan su Palabra.

Te voy a contar lo que pasó con una de las Biblias traducidas al inglés. Yo la compré en una librería y se la regalé a Thomas, el papá de mis nietos. Digámosle Tomás.

Un sábado, toda la familia fue a visitar una iglesia que queda a 80 kilómetros (55 millas) de su casa. Tomás viaja esa distancia todos los días, porque trabaja en esa ciudad.

Hablemos ahora de la Biblia que le regalé. Cuando Tomás llevó de paseo a mi hija Carina y mis nietos David, Lana, Brianna y Sara al culto, llevó también su Biblia. Si tienes Biblia, ¿la llevas contigo cuando vas a la iglesia? La Biblia es un tesoro muy precioso que debe acompañarnos siempre.

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LA BIBLIA EN EL TECHO

Después del culto, todos se subieron a la camioneta que los llevaría a casa. Cuando Tomás iba a acomodar a sus hijos en los asientos, puso la Biblia encima de la camioneta, en el techo… ¡y se olvidó que la puso allí!

Era un día de lluvia. Los niños y su mamá rápidamente se sentaron en la camioneta. Tomás era el que manejaba y se sentó al volante. Todos iban felices, cantando los coros que habían aprendido en la iglesia que visitaron.

Encima de la camioneta, ¿qué iba? ¡La Biblia! ¿Piensas que una Biblia puede viajar encima de un auto, que va por una autopista a más 100 kilómetros (65 millas) por hora? Cualquier libro volaría del techo; pero no la Biblia de Tomás.

Después de más de una hora de viaje llegaron a casa. La mamá y los niños entraron corriendo para no mojarse. El papá Tomás buscó su Biblia. ¿Dónde he puesto mi Biblia? se preguntó, y miró debajo del asiento, por si acaso se había caído. ¡Pero no encontró su Biblia!

La Biblia es un gran tesoro. Si alguna vez has perdido tu Biblia sabes que te sientes desesperado por encontrarla. Tomás pensó que la había dejado en la iglesia que visitaron. Su Biblia tenía tapa de cuero y en la portada estaba grabado su nombre: Thomas Cole. ¡Era muy especial!

Muy triste Tomás entró a la casa para preguntar a Carina y los niños si habían visto su Biblia. ¡Nadie la había visto!

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Tú sabes donde estaba la Biblia, ¿verdad? Alguien la había estado cuidando todo el tiempo. Esa Biblia sobrevivió un viaje de más una hora en la autopista, con lluvia y viento. Cantidad de autos habían pasado por su lado… Creo que Dios mandó un ángel para que cuidara la Biblia de Tomás.

DIOS CUIDA DE SU PALABRA

Más tarde, cuando Tomás salió para buscar nuevamente su Biblia, ¡cuál no sería su sorpresa cuando vio algo en el techo! Tú ya sabes lo que es; pero él no lo sabía, y casi no pudo creerlo. ¡Encima de la camioneta, en el techo, estaba su Biblia! Mojada y arrugada, ¡pero a salvo!

La Biblia que le regalé a mi yerno Tomás había sobrevivido el viaje en lluvia y tormenta. Asimismo la preciosa Palabra de Dios ha sobrevivido las tormentas de los tiempos.

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Esta es la Biblia que viajó en el techo de una camioneta

A través de las edades Dios ha cuidado de su Palabra. Jesús dijo que el cielo y la tierra pasarán, pero su palabra jamás pasará. Aunque muchos han tratado de destruir la Biblia y su mensaje, sigue tan fuerte y viva como siempre.

¡Cuida tu Biblia como el tesoro más preciso y amado!

Te quiere siempre, Tía Margarita

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El niño que prometió no mentir

Hassán era un niño árabe. Un día le tocó viajar a Bagdad. Su madre sabía que había bandidos por el camino que a veces asaltaban a los viajeros. Para esconder las monedas que mandaba para los gastos de su hijo, ella los cosió en el manto del niño.

Cuando Hassán estaba listo para salir, su madre le dijo:

–Hijo, prométeme que nunca dirás una mentira. Si hablas siempre con la verdad y eres honrado, te va a ir bien.

Hassán le prometió que no mentiría.

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Antes de que empezara el viaje, la madre oró por su hijo y pidió que Dios mandara sus ángeles para protegerlo en el camino.

Cuando pasaba por un desierto lo asaltaron unos bandidos. Hassán no llevaba muchas cosas. Su ropa no les interesaba a los bandidos. Lo que buscaban era dinero; pero no encontraron ni una sola moneda en el bultito que llevaba.

El jefe de los bandidos no podía comprender cómo el niño viajaba sin dinero.

–Muchacho, ¿no me digas que viajas sin dinero? –le dijo–. ¿Cómo es que no llevas nada?

–Yo tengo dinero –dijo Hassán–. Tengo 80 ducados cosidos en mi manto.

El jefe de los bandidos pensó que el niño bromeaba. Él y sus compañeros se rieron a carcajadas.

–¡Ja, ja ja! Muchacho mentiroso…

Pero Hassán insistió en que era verdad. Entonces al jefe de los bandidos revisó el manto y encontró el dinero.

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–¿Por qué me avisaste acerca del dinero? –le preguntó muy sorprendido a Hassán.

–Porque le prometí a mi mamá que nunca iba a mentir –respondió el niño.

El bandido lo miró boquiabierto y dijo:

–¿Qué? ¿No me mentiste debido a una promesa?

Bajó la cabeza y quedó pensativo un rato, luego dijo:

–Tú, un niño, eres fiel a tu madre, y yo, un hombre anciano, cada día quebranto las leyes de Dios.

Le extendió la mano a Hassán y prosiguió:

–Dame la mano, muchacho. Desde ahora dejaré los caminos de pecado.

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Para Hassán era normal hablar con la verdad. Su madre le había leído la Biblia, y él había aprendido que la mentira es pecado.

Hassán amaba al Señor Jesús y quería obedecerlo en todo lo que hacía.

Los demás bandidos siguieron el ejemplo de su jefe y Hassán les explicó lo que enseña la Biblia.

Los bandidos comenzaron una nueva vida, todo porque hubo un niño que le prometió a su madre no mentir.

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La Biblia empolvada

Andrés estaba aburrido. «¡Lluvia, lluvia, lluvia! –se quejaba una y otra vez–. ¿Por qué tiene que llover hoy también?»

Andrés tenía vacaciones de la escuela y no dejaba de quejarse por la lluvia.

–¿Qué voy a hacer todo el día? Mejor es no tener vacaciones –siguió comentando muy de mal humor.

–No te quejes tanto –le dijo su hermana mayor–. Los campesinos están contentos por la lluvia. Así tendrán buena cosecha.

–A mí no me interesan los campesinos. Quiero salir a jugar.

–Tal vez no les des importancia hoy, pero si mañana no hay comida eso no te va a gustar Deja de quejarte y arregla los juguetitos rotos de Jaime.

–Jaime es muy descuidado. No me gusta arreglar sus juguetes rotos.

EL REGALO EMPOLVADO

La mamá de Andrés había escuchado la conversación sin intervenir, pero ahora dijo:

–Me parece que estás de muy mal humor, hijo. Creo que sería bueno que leas la Biblia que te regalaron en la escuela dominical. Está toda empolvada.

–Y, ¿qué bien me va a hacer? Me voy a aburrir aún más –contestó desganado.

–Si te dieron un regalo tan lindo en la Navidad creo que debes usarlo. Hay muchos niños que desean tener una Biblia y no la tienen. Puedes leer mientras deja de llover.

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DESPUÉS DE DOS HORAS

Tan disgustado estaba Andrés que no quiso escuchar los consejos de su mamá.

Pasó dos horas vagando de aquí para allá, molestando a su hermana y dando pellizcos a su hermanito.

Al fin sacó la Biblia del armario.

La Biblia estaba muy empolvada. ¡Qué vergüenza! Andrés estaba seguro de que no se la habían regalado para que la tuviera guardada.

UNA BIBLIA HERMOSA

Era una Biblia hermosa que había recibido en la escuela dominical; una Biblia de pasta negra con cierre relámpago.

La abrió y empezó a hojearla distraídamente.

Buscó el versículo que le habían dado de recuerdo:

«La sabiduría comienza por honrar al Señor», leyó en Proverbios 9:10.

Andrés recordó lo que había dicho su maestro, que confiar en Dios da seguridad y gozo.

Siguió leyendo unos versículos más y se dio cuenta de que es muy interesante leer la Biblia.

–Creo que debo leer un poco cada día –dijo Andrés–. No dejaré que se empolve mi linda Biblia.

SE OLVIDÓ DE LA LLUVIA

Después de leer por un buen rato tomó uno de los juguetes rotos de Jaime para arreglarlo.

El mensaje de la Biblia había hecho un milagro en Andrés. Ya no estaba ni aburrido, ni molesto, y se había olvidado totalmente de la lluvia.

Cuando terminó de arreglar el juguete de Jaime le pidió perdón por haberlo pellizcado.

¡Qué bien le había hecho a Andrés la lectura de la Biblia!

LEE LA BIBLIA, EL LIBRO DE DIOS

¿Y tú? ¿Lees la Biblia?

La Biblia es el libro de Dios que nos indica el camino que lleva a la vida. Todo lo que necesitas saber para llevar una vida que agrada a Dios está en la Biblia.

Lee todos los días la Biblia. Si no tienes una Biblia, haz todo lo posible por conseguir tu propio ejemplar. Comienza la lectura en el Nuevo Testamento. Marca con cuidado los versículos que quisieras recordar.

Nunca dejes que se empolve tu Biblia.

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¿Qué crees que significa que la Palabra de Dios es una lámpara a tus pies y una luz en tu camino?

 

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La historia: La Perlita 339-la-biblia-empolvada

Historia en color:  339-la-biblia-empolvada

Hoja para colorear:  339-lee-la-biblia

Póster: 339-poster-salmo-119_105

Actividad:  339-la-palabra

 

El anillo de oro

Te voy a contar lo que pasó una vez que Andrés visitó a sus abuelos cuando tenía vacaciones de la escuela. Una tarde, cuando fueron de paseo el abuelo, la abuela y Andrés, pasó lo siguiente.

el anilloUN OBJETO BRILLANTE

De repente Andrés vio algo brillante en el suelo, en medio del camino. Era un objeto muy pequeño.

–¡Es un anillo de oro! –exclamó el abuelo–. Debe ser muy valioso.

–¡Qué lindo! –dijo Andrés, y pegó un par de saltos. Él es experto en eso de saltos.

–¿A quién se le habrá perdido? –dijo la abuela.

–Iremos a la oficina de la policía para avisar que tenemos el anillo –decidió el abuelo–. No me parece justo que nos quedemos con el anillo sin avisar que lo hemos encontrado.

Así es el abuelo de Andrés. Siempre hace las cosas bien hechas y como debe ser, de modo que fueron a la casucha del otro lado de la plaza, para hablar con el jefe de la policía.

¿Por qué digo casucha? Pues si vieras la oficina que tiene la policía del pueblo de los abuelos de Andrés, de seguro que dirías lo mismo. Creo que uno de estos días esa casa se va a derrumbar; pero no hablemos de eso. Volvamos a lo del anillo.

PRONTO SERÍA SUYO

El jefe de la policía era un viejo amigo del abuelo y ambos se saludaron dándose palmadas en la espalda.

–Te presento a mi nieto –dijo el abuelo, y se veía que brillaba un poco de orgullo en sus ojos; ese orgullo sano que sienten los abuelos por sus nietos.

–Me da gusto conocerte –dijo el jefe de la policía al darle la mano a Andrés–. Pareces ser un buen muchacho.

Era la primera vez que Andrés saludaba a un jefe de la policía y se sintió muy honrado. Dentro de sí dijo: «Esto se lo contaré a mis amigos en la escuela.»

–Encontramos un anillo de oro –dijo el abuelo a su amigo policía–. Si alguien lo reclama, tú sabes quién lo tiene.

–Muy bien –dijo el jefe de la policía y llamó a uno de sus secretarios para que tome nota del asunto.

–Si dentro de tres meses nadie lo reclama será tuyo –dijo el policía al abuelo.

–¡No! Será de mi nieto; él lo encontró –dijo la abuela, y en su voz también se notó algo de orgullo, ese orgullo sano.

¿Por qué los abuelos se sienten orgullosos de Andrés? Debe ser porque es su único nieto. Tienen varias nietas; pero él es el único varón.

UNA ESPERA DE TRES MESES

Volvamos a lo del anillo. Unos meses más y Andrés sería dueño de una fortuna; eso es, si nadie reclamaba el anillo.

Imagínate qué feliz estaba cuando volvió a casa. El anillo iba a ser suyo, verdaderamente suyo… un anillo de oro… ¡dentro de tres meses!

–Lo guardaré en mi cofre, bajo llave –dijo la abuela–. De allí nadie lo sacará.

Andrés tuvo que volver a la escuela sin el anillo, porque todavía no pasaban los tres meses. Aunque no tenía el anillo se consideraba dueño de una fortuna, y se lo fue contando a cada uno de sus amigos, ¡en secreto, por supuesto!

Tan pronto pudo volver a casa de sus abuelos les preguntó por el anillo.

–Está en su lugar, esperándote –dijo la abuela y fue al cofre para sacar el anillo.

Andres y el anillo

Cuando Andrés lo tuvo en sus manos, sintió que realmente era dueño de una fortuna, casi dueño de todo el oro del mundo. Él no había hecho algo extraordinario, ¡no! Todo lo que hizo fue encontrar el anillo.

MIL VECES MEJOR

Algunos años más tarde, ¿sabes lo que sucedió? ¡Adivina! Andrés encontró algo mil veces mejor que el anillo de oro. Tenía doce años, y lo que encontró fue suyo inmediatamente y para siempre. ¡Qué maravilla!

¿Qué encontró? Primero descubrió algo que no le agradó. Andrés, el orgullo de sus abuelos, el único nieto varón… era pecador.

¡Imagínate! ¿Andrés un niño malo?

Ante Dios todos somos pecadores. Descubrir esto ni por nada agradó a Andrés; pero después comprendió que Jesús tiene el remedio. Él perdona nuestros pecados y limpia todo lo malo de nuestro corazón.

Al pedirle a Jesús que perdone sus pecados, Andrés encontró la mayor fortuna del mundo: ¡la salvación! Encontrar el anillo de oro fue poca cosa; encontrar a Jesús fue mil veces mejor. Pero no fue Andrés que encontró a Jesús, sino que en su gran amor ¡Jesús «encontró» a Andrés!

Lucas 19_10

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