David y la piedrita de victoria

Mi nieto David tenía cuatro años de edad cuando llegó muy emocionado a casa después de la escuela dominical.

–¡Mamá, estoy en la Biblia! –exclamó, saltando de alegría.

Cada semana David aprendía nuevas cosas acerca de sí mismo, cosas que estaban en la Biblia. Era muy gracioso verlo cada vez que descubría algo acerca de David. David ya es grande (en agosto va a cumplir 13 años) y sabe que él no es el David de la Biblia. Pero le gusta leer las aventuras de este héroe, un rey de Israel muy amado.

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¿Conoces al David de la Biblia? Él era un pastorcito, encargado de las ovejas de su padre. Era compositor y cantor. Tocaba el arpa y escribía salmos. El más conocido y amado es el Salmo 23. ¡Búscalo en la Biblia!

David vivía en Belén; el menor de ocho varones. Su padre era Isaí. Un día tuvieron una visita inesperada. David no estaba en casa sino en el campo con las ovejas. ¿Qué visita llegó?

UN ENCARGO ESPECIAL

El profeta de Dios Samuel tenía un encargo de Dios para hacer algo muy especial. Por eso fue a casa de Isaí. Samuel debía ungir a uno de los hijos de Isaí para que sea el próximo rey del país. La costumbre era derramar aceite sobre la cabeza de la persona escogida por Dios.

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Pasaron ante Samuel los hermanos de David. Cuando él vio a Eliab, el hijo mayor, pensó que éste era el escogido.

«No te dejes impresionar por su apariencia –dijo Dios–. La gente se fija en las apariencias, pero yo miro el corazón.»

Uno por uno se presentaron los hermanos de David; pero a ninguno de ellos había escogido Dios.

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EL FUTURO REY DE ISRAEL

Por fin, Isaí mandó a buscar a David. Era rubio y de buena presencia, un joven de buen corazón. Samuel tomó su cuerno de aceite y lo ungió para que sea rey. Entonces el Espíritu de Dios vino con poder sobre David, y desde ese día estuvo con él.

David no se puso orgulloso. No mandó que todos se inclinaran ante él porque iba a ser rey. Él siguió como siempre, cuidando obediente las ovejas de su padre.

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Pero hubo guerra. Los enemigos filisteos desafiaron a los israelitas, el pueblo de Dios. Los tres hermanos mayores de David fueron a la guerra como soldados del ejército del rey Saúl.

Isaí mandó a que David llevara provisiones para sus hermanos. Allí En el campo de batalla David oyó algo horrible.

Había un gigante que desafiaba al ejército del pueblo de Dios. El gigante, llamado Goliat, medía casi tres metros de altura. ¿Has visto alguna vez una persona tan alta?

EL GIGANTE GOLIAT

–Escojan a alguien que se me enfrente –gritaba el gigante–. Si me mata, nosotros les serviremos; pero si yo le gano, ustedes serán nuestros esclavos.

David no comprendía por qué nadie se había atrevido a pelear contra Goliat.

–Yo lo haré –dijo David al rey Saúl–. Yo he defendido el rebaño de mi padre contra leones y osos. Ahora quiero defender al ejército del Dios viviente. ¡Voy a vencer al gigante en el nombre de Jehová!

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El rey aceptó la oferta de David y lo vistió con su uniforme de campaña. Pero David no pudo caminar con el peso del armamento de Saúl. Se lo quitó y tomó su cayado. Fue al río a escoger cinco piedras lisas y, honda en mano, se acercó al gigante.

Goliat le echó una mirada a David y lo despreció y lo maldijo.

DIOS DIO LA VICTORIA

David era pequeño comparado con el gigante; pero no confiaba en su propia fuerza sino en el Señor Dios Todopoderoso. Tenía su honda, cinco piedras, y un corazón lleno de fe en Dios.

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¡Una piedrita fue todo lo que David usó!

–Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina; pero yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos –dijo David–. Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos.

Cuando el gigante avanzó hacia David, el pastorcito sacó una piedrita, y con la honda la lanzó al filisteo. ¡Pum! La piedra se le clavó en la frente, y Goliat cayó de bruces al suelo.

No fue la piedra que le dio la victoria a David; fue el poder de Dios. ¿Qué crees que hizo al sacar su piedrita y ponerla en la honda? Seguramente oró a Dios. Y Dios oyó su oración.

Dios está listo a escuchar también tu oración. Confía en el Señor en cualquier circunstancia, por más grande que sea tu enemigo. Con Jesús siempre hay victoria.

piedra caladaBusca una piedrita y escribe allí: Dios me oye. Tenla en tu bolsillo, donde puedas tocarla cuando quieras. Dale vueltas en la mano. Apriétala. ¡Puede ser tu piedrita de victoria!

 

Material para hacer tu propia piedra

Descarga:  Piedras instrucciones

Descarga:  Dios me oye A4          Dios me oye carta

 

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