El hijo de nadie

Tio BernardoEl tío Bernardo, de Londres, Inglaterra, tenía un gran corazón. Dedicó cincuenta años de su vida a rescatar a niños vagabundos y abandonados. Recogió a 80.000 huérfanos; les dio un hogar y les enseñó el camino al cielo.

Un día en que el tío Bernardo y uno de sus amigos estaban a la puerta de uno de sus grandes orfanatos, se presentó un niñito vestido con harapos.

Tímidamente, el niño levantó la cabeza y preguntó:

–¿Es usted el tío Bernardo?

–Sí, hijo –fue la respuesta.

–¿Podría usted recibir a un niño pobre y darle alojamiento? ¿Podría también darle algo de comer y ropa nueva para ponerse?

Nino nadie 1El tío Bernardo lo miró de pies a cabeza y le preguntó:

–¿De quién eres hijo?

–De nadie –respondió el niño.

–¿Quién te recomienda? Los niños que vienen a este orfanato tienen recomendación. A veces los recomienda un amigo o un pastor.

NO TENÍA A NADIE

–No tengo a nadie que me recomiende –dijo el niño.

El tío Bernardo lo miró de pies a cabeza.

–¿No conoces a alguien que te pudiera recomendar? –le preguntó.

–No, no hay nadie que se interesa en mí. No tengo a nadie que hable a favor mío –dijo el niño con voz triste.

Mirando al suelo y arrastrando los pies se alejó del tío Bernardo.

El tío Bernardo se quedó mirando, pensativo, al niño que acababa de perdirle un hogar.

Nino nadie 2SÓLO TRAPOS VIEJOS

A los pocos minutos, el niño volvió corriendo, agitando los brazos, y casi a gritos, dijo:

–¡Si estos trapos no me pueden servir para entrar en su casa, qué otra recomendación puedo tener!

–Muy bien, hijo –dijo el tío Bernardo–. Te voy a recibir en mi hogar.

Así, ese niño pobre y desamparado se integró a la gran familia del tío Bernardo.

El hijo de nadie recibió un hogar, ropa limpia, comida, y mucho cariño.

Ante Dios, tú y yo somos como aquel huerfanito. Dios tiene un hermoso hogar para cada uno de nosotros, pero no podemos entrar vestidos de trapos sucios. Ese hogar es el CIELO y nuestros trapos sucios son el PECADO.

Si pedimos a Jesús que perdone nuestros pecados, Él nos viste de ropa limpia, que se llama JUSTICIA.

UN CORAZÓN LIMPIO

¿Quisieras pedirle a Jesús que te vista de esa hermosa ropa? Por supuesto, no es una ropa que puedes ver con tus ojos o sentir con tus manos; pero Dios la ve, y eso es lo importante.

Una vez, el rey David se portó muy mal y ensució las lindas ropas de su corazón; pero pidió a Dios que lo perdonara. Tú puedes hacer la misma oración que él hizo.

Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me alejes de tu presencia,

ni me quites tu santo Espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación;

que un espíritu obediente me sostenga.

Salmo 51:10-12, NVI

308 Poster Salmo 51_10

Para imprimir:  El hijo de nadie       El hijo de nadie color

Para colorear: Hijo de nadie  Póster: Salmo 51_10   Actividad: Dios te perdona

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