De zapatero a misionero

Guillermo era un niño de corta estatura, pero ágil; le encantaba subirse a los árboles para observar a los pájaros. A veces se sentaba allí para leer un libro.

Tuvo una niñez feliz. El sábado era su día favorito porque hacía largas excursiones para descubrir las maravillas de la naturaleza. Muchas veces iba con su hermanita María.

JUEGO DE LA CAPTURA

A Guillermo le encantaba jugar a «la captura». El juego consistía en que una persona elegida tenía que perseguir a los demás. Cuando capturaba a alguien, el «capturado» tenía que ayudarle a capturar a los demás, hasta el último jugador.

MÁS IMPORTANTE QUE LOS JUEGOS

Para Guillermo los prados y los bosques eran más importantes que los juegos, porque allí conseguía toda suerte de cosa de la naturaleza que llevaba a su casa. Allí tenía muchísimos pájaros e insectos, y toda clase de plantas.

Era un estudiante plenamente decidido a aprender todo lo que pudiera. Los libros eran sus «tesoros». La historia, la geografía, los viajes y las ciencias le despertaban mucho entusiasmo. Siempre acababa cualquier cosa que empezaba.

Como le afectaban los rayos del sol y le hacían inflamar la piel, su padre decidió que en vez de sea jardinero o agricultor era mejor que aprendiera el oficio de zapatero.

EXPERTO EN IDIOMAS

Guillermo era un buen aprendiz de zapatero. Hacía tan bien su trabajo que su amo exhibía un par de zapatos para mostrar el buen trabajo de su alumno.

Después de dos años de estudiar con el señor Nichols, murió éste su jefe. Luego de trabajar con otro zapatero, Guillermo instaló su propia zapatería. Para entonces se había casado. Su esposa era Dorotea, una mujer analfabeta.

A la vez que se escuchaba el tap, tap, tap de su martillo cuando clavaba los zapatos, leía la Biblia en diferentes idiomas. Dominaba el latín, el griego y el hebreo, como también el italiano y el holandés.

Compró un libro en francés y en tres semanas podía leerlo. Le resultaba tan fácil aprender un nuevo idioma que le gustaba poner un libro delante de él y estudiar mientras trabajaba.

«VAYAN POR TODO EL MUNDO»

Después que Guillermo entregó a su vida a Cristo, y de estudiar las Biblia, se convenció de la necesidad del bautismo. Fue bautizado en octubre de 1783.

Con el tiempo llegó a ser un pastor respetado en la ciudad. En su corazón ardían las palabras de Jesús: «Vayan por todo el mundo y anuncien las buenas nuevas a toda criatura.» Comenzó a pensar en una estrategia para llevar el evangelio a los países fuera de Inglaterra.

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EL GLOBO TERRÁQUEO

Además de zapatero Guillermo era profesor. Con un pedazo de cuero hizo un globo y marcó con diferentes colores los países del mundo. Así enseñaba geografía a los niños.

Él no estaba contento con solo enseñar geografía; quería viajar a un país donde la gente no conocía a Jesús. Oró a Dios que lo ayudara a ir a la India para predicar de Cristo.

Poco a poco fue añadiendo detalles a su mapa del mundo. Su globo de cuero era como su segunda Biblia.

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HUMILLADO PERO NO DERROTADO

Una vez que estuvieron reunidos varios pastores, Guillermo les habló de que debían hacer lo que Jesús dijo, de ir por todo el mundo a predicar el evangelio.

«Joven, siéntese –le dijeron–. Cuando Dios quiere convertir a los paganos, lo hará sin consultar con usted o conmigo.»

Guillermo se sintió humillado; pero no dejó de pensar en que Dios lo llamaba para que fuera a predicar a los que no habían oído el evangelio.

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Para imprimir la historia: 281 De zapatero a misionero color

La próxima semana: De Inglaterra a la India

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