El niño que resucitó

Lee la historia en la Biblia en 1 Reyes 17:7-24.     

pan perlita co No sabemos cómo se llamaba el niño. Démosle el nombre de Joel.

Joel vivía en Sarepta, una ciudad al norte de Israel, cientos de años antes que Jesús viniera a la tierra. Había un problema, uno muy grave. ¡No llovía! Como no llovía, los cultivos no crecían. No había comida.

Para Joel era un problema más grave que para los niños de su vecindario. Sus amigos tenían papá; pero Joel era huérfano de padre. No había un papá que trajera pan a la casa. No era fácil para una mujer viuda conseguir trabajo.

A veces Joel se acostaba con hambre. ¡Ay, cómo le dolía el estómago! Pero Joel no se quejaba, porque su mamá también tenía hambre. Un día la vio más preocupada que antes.

La viuda tenía una tinaja en que guardaba harina para hacer tortillas. Tenía también un jarro con aceite. De pronto Joel vio que su mamá sacudió la tinaja; pero sacó solo un puñado de harina. ¡No había más! Después la vio sacudir el jarro con aceite. ¡Apenas había un poco en el fondo!

–Hijito, ya no hay más –dijo ella con lágrimas en los ojos–. Voy a ir a recoger leña para hacer una última tortilla. ¿Quisieras acompañarme?

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Joel podría quedarse a jugar con sus amigos pero como vio que su mamá estaba tan triste, quiso acompañarla. Él recogería la leña para que ella no se cansara. Ellos caminaron tristemente hacia la salida de la ciudad para buscar leña.

Ya habían juntado lo suficiente como para coser una tortilla y estaban de camino de regreso cuando vieron a un extraño. Ellos no lo sabían; pero era el profeta de Dios Elías.

–Por favor, tráeme un poco de agua en un vaso –le pidió él.

¿Crees que a Joel le pareció raro? ¡No! En esa época era costumbre ofrecer comida y hospedaje a los viajeros. No había hoteles como hay ahora.

«NO TENGO PAN»

–Vamos, hijo –dijo la mamá a Joel–. Traigámosle agua a este forastero.

Cuando ella y Joel se fueron para traer agua, Elías le dijo:

–Tráeme también un poco de pan.

¡Ay, ay! –pensó Joel–. ¡Ahí se va mi tortilla!

–Lo siento mucho; pero no tengo pan –le dijo la viuda al profeta–. Sólo tengo un puñado de harina y un poco de aceite en un jarro. Mi hijito y yo estábamos juntando leña para coser una última tortilla. Después de comerla nos moriremos de hambre.

–No tengas miedo –le dijo el profeta–. Ve y haz la tortilla para ti y para tu hijo. Pero primero cocina un pequeño pan para mí y tráemelo.

«HAZ PRIMERO PARA MÍ»

¿Qué? ¿Primero preparar un pan para el forastero? Joel se sorprendió. ¡Ya no quedaría nada para él! Pero, ¡qué raro! El forastero dijo algo más…

–El Dios de Israel me ha dicho que no se agotará la harina de la tinaja ni se acabará el aceite del jarro, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la tierra. Pero primero tráeme un pan.

¡Eso no se lo perdería Joel! Él había visto que solo había un puñado de harina. ¿Cómo alcanzaría ese puñado para hacer más de un pan? ¿Alcanzaría y no se acabaría?

NO SE ACABÓ LA HARINA NI EL ACEITE

La mamá de Joel hizo lo que Elías le dijo. ¡Joel lo vio con sus propios ojos! Ella sacó harina y aceite, ¡y no se acabó!

Joel acompañó a su mamá cuando le llevó el pan recién cocido al viajero que estaba junto a la puerta de la ciudad.
Y Joel oyó cuando ella lo invitó a alojarse en casa de ellos.

Desde ese día, Joel no se apartaba de su mamá. Cada vez que ella iba a sacar harina, había suficiente para hacer pan y cada vez que echaba aceite en la harina para amasar un pan, ¡había suficiente! Era lo más interesante que Joel jamás había visto. ¡Cada vez abría los ojos más grandes!

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EL PAN MÁS SABROSO DE SAREPTA

Joel tenía algo emocionante para contar a sus amigos. Cada día su mamá sacaba harina de la jarra y aceite de la botella y preparaba ricas tortillas. ¿Qué tiene eso de especial? Ah, no era harina cualquiera ni cualquier aceite.

El pan que comían en casa de Joel era el más sabroso de Sarepta, ¡porque era pan de milagros! La mamá de Joel lo servía fresco y recién cocido, todos los días. Elías, el profeta de Dios, estaba alojado en su casa, así que él también comía ese pan delicioso, las tortillas milagrosas.

Jesús nos enseñó en el Padrenuestro a pedir el pan diario. ¿Has orado el Padrenuestro? «Danos hoy nuestro pan cotidiano.» Léelo en Mateo 6:9-13.

Joel disfrutaba del delicioso pan cotidiano y milagroso. ¿Por qué era milagroso? Porque cada día Dios ponía nueva harina en la jarra y llenaba aceite fresco en la botella. La mamá de Joel no iba a la tienda a comprar harina y aceite. Dios se lo daba cada día. ¡Ése era el milagro!

Joel y su mamá no conocían al Dios único y verdadero. En Sarepta no adoraban al Señor nuestro Dios. Pero con el profeta de Dios, que vivía en su casa, ellos aprendieron que nuestro Dios es el único Dios, y que Él los amaba.

JOEL SE ENFERMÓ Y MURIÓ

Aunque en casa de Joel comían pan de milagros no se salvaron de los problemas. Un día pasó algo triste. Joel se enfermó. Le subió la fiebre y, por más que su mamá lo cuidaba y atendía como hacen las mamás cuando sus hijos están enfermos, a Joel no le bajaba la fiebre. Seguramente su mamá le dio todos los remedios que tenía; pero Joel no mejoró. Joel murió.

¡Pobre la mamá de Joel! La viuda se angustió muchísimo. Su único y amado hijo estaba muerto. ¿Sería que Dios se había llevado a su hijo como castigo? Ella fue a quejarse con el profeta.

–¿Qué tienes en mi contra? –le dijo a Elías–. ¿Has venido a castigarme por mis pecados?

Elías no tenía poder sobre la vida y la muerte. Él no le había hecho nada a Joel. Pero había algo que él podía hacer.

–Dame a tu hijo –le dijo a la viuda.

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Elías tomó a Joel en sus brazos y lo llevó a la habitación donde él estaba alojado. Allí lo puso sobre la cama y clamó a Dios. Elías se tendió tres veces sobre el niño y pidió a Dios que le devolviera la vida. Dios oyó la oración de Elías, ¡y Joel revivió!

UN GRAN MILAGRO

¡Otro gran milagro en Sarepta! ¡Joel volvió a vivir! Qué emoción para la viuda cuando Elías le devolvió a su hijo, ¡sano y salvo!

¿Te imaginas lo contenta que se sintió la viuda? Este milagro la convenció de que Elías verdaderamente era un hombre de Dios y que Dios hablaba por medio de él.

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Por medio del profeta, Joel había conocido al Dios único y verdadero, al Dios que hace milagros. Cada día comía pan de milagros; pero ahora él mismo era un gran milagro.

¿Qué habrán dicho los amigos de Joel? Primero él les contaba del milagro de Dios hacía con la harina y el aceite, que todos los días comían el delicioso pan de milagros. Ahora ellos jugaban con un niño que era un gran milagro, un niño que había muerto y vuelto a la vida.

Por medio de Joel y su mamá, y por medio del profeta Elías, la gente de Sarepta conoció al Dios único y verdadero. Ya no tenían que adorar imágenes y dioses hechos por el hombre, que no tienen poder. Ahora conocían al Dios Todo-poderoso, al maravilloso Creador y Sustentador.

DIOS ES EL MISMO

Dios no ha cambiado. Hoy también Él hace milagros. ¿Cuál es el milagro más grande? El más grande y maravilloso milagro es que Dios puede cambiar tu corazón. Morir y volver a la vida es un gran milagro; pero que Dios cambie nuestro corazón por medio de Jesucristo y nos dé vida eterna es el milagro más grande. ¡Jesús tiene todo poder!

Para imprimir La Perlita:

233 Pan de milagros en Sarepta color   234 El nino que resucito color

Para colorear: 233 Joel   y   233 Pan de milagros

234 El nino que resucito para colorear

imagen poster

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