Las semillitas de mostaza

Cuando Ángel y Angela nacieron, nadie creía que iban a sobrevivir. Eran tan pequeñitos que sus padres podían tenerlos en la mano, como si fueran dos pajaritos. Habían nacido a los seis meses de gestación en lugar de los nueve meses, como es propio que desarrolle un niño en el vientre de su madre.

–Si estos niños sobreviven será un milagro –dijo el médico que atendió a la madre de los gemelos.

–Voy a pedir a Dios que nos conceda ese milagro –dijo el padre de los gemelos–. Estas semillitas de mostaza van a crecer tan grandes como cualquiera.

Desde ese momento los padres de Ángel y Angela oraron con fe que sus «semillitas de mostaza» crecieran normalmente.

NADA SERÁ IMPOSIBLE

Jesús dijo algunas cosas acerca de las semillas de mostaza. Una de ellas es que si tenemos fe, aunque sea tan pequeña como una semilla de mostaza, podemos decirle a una montaña que se mueva de aquí hasta allá, y la montaña se moverá. Nada será imposible.

La «montaña» de estos padres era los dos angelitos, tan pequeños que los podían tener en la mano. En verdad eran angelitos; por eso los nombraron Ángel y Angela. Pero el papá les decía Semillitas de Mostaza.

UNA SEMILLA DE MOSTAZA

Jesús comparó al reino del cielo con una semilla de mostaza. Es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando se siembra en un huerto se convierte en la planta más grande. Esa planta crece hasta llegar a ser un árbol y los pájaros hacen nidos en las ramas.

Como pequeñas semillitas Ángel y Angela habían crecido, como cualquier bebé nacido normalmente, y ya habían cumplido diez años. El papá y la mamá hicieron una gran fiesta para celebrar a sus «semillitas». Ángel celebraba que había ganado un concurso en la iglesia y le habían dado una hermosa Biblia ilustrada con láminas en color. Pero no podía gozarse ralamente porque una voz en su interior le decía: «Esa Biblia no te corresponde; hiciste trampa».

LA TRAMPA DE ÁNGEL

La maestra les había hablado de lo que Jesús enseñó acerca de la semilla de mostaza y había llenado una botella con semillitas. Los niños debían adivinar cuántas semillas de mostaza había en la botella y el premio sería una Biblia ilustrada. Les dio una semana para pensarlo.

Angelito2 colorÁngel había visto una botellita de semillas de mostaza en la despensa de la cocina. Cuando nadie lo vio tomó la botella y fue a un lugar privado para hacer la trampa. Contó las semillitas y, según lo que había en la botellita de su mamá, calculó que en la botella de la maestra debía haber unas 6.000 semillitas. Esas semillas son granos diminutos.

El total de la maestra era 6.251. Fue así que Ángel acertó y se llevó la Biblia. Pero, como ya sabes, no disfrutó del premio porque su conciencia lo acusaba. «Hiciste trampa… hiciste trampa… hiciste trampa…»

Ángel solía contarle todo a su hermana pero no le contó acerca de la trampa que había  hecho. Se excusaba diciendo que la maestra no había dicho que era prohibido contar semillas; pero en el fondo Ángel sabía que era una trampa lo que había hecho.

LA VOZ DE LA CONCIENCIA

Dos voces luchaban en su corazón. Seguramente tú también has oído la voz de la conciencia. Por fin, la voz «buena» ganó, y Ángel confesó su pecado. «No merezco este premio», le dijo a la maestra, y le devolvió la Biblia.

Angela no podía creerlo. ¡Su hermano estaba devolviendo la Biblia! Ella estaba muy contenta por la Biblia, y ahora él la devolvía. Pero se alegró al ver una mirada de alivio en su hermano. ¡Ángel ahora respiraba tranquilo!

Angelito3 color

Cuando Ángel les contó a sus padres lo que había pasado, su papá le dijo:

–Eres un verdadero granito de mostaza. Sigue en este camino. Escucha a tu conciencia. Obedece a la voz del Espíritu Santo. Jesús no dijo que tenemos que tener gran fe. Basta que sea como un granito de mostaza.

Otra vez el papá contó a sus «ángeles» el gran milagro que era su vida. Como un granito de mostaza, sembrado en un terreno de amor, habían crecido… y seguirían creciendo.

TU VIDA ES UN MILAGRO

Aunque tu llegada al mundo no haya sido tan espectacular como la de Ángel y Angela, tu vida también es un milagro.
Las promesas de Jesús son para ti. Si tienes fe, aunque sea solo como un granito de mostaza… ¡Nada será imposible!

Lee Mateo 17:20 y 13:31-32.

Para imprimir la historia y otras ayudas, visita http://misperlitas.wordpress.com

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