La tortuga que se perdió

Tico vivía feliz en su mundo de tortuga mascota, esto es hasta el día que Ladrón llegó corriendo por el patio tropezó con Tico que estaba de paseo, y lo mandó a dar vueltas por el aire. Tico cayó de cabeza es las baldosas y se le salió un pedazo del cascarrón.

Sus amos eran Ramón y Rosa. Cuando ellos regresaron de la escuela, Rosita inmediatamente descubrió lo que había pasado.

–Tico, Tico, ¿quién te ha hecho esa maldad? –preguntó Rosa, muy angustiada al ver a su querida tortuga.

En eso vio a Ladrón que estaba jugueteando con algo que parecía ser parte del cascarrón de Tico.

–¡Perro malo! –gritó la niña–. ¿Qué le has hecho a mi tortuga?

Ladrón le dio una mirada indiferente y siguió con su juego.

tortuga color

EL PERRO LADRÓN

¡Perdón! Seguramente te preguntas por qué el perro se llamaba Ladrón. Ese es un cuento muy largo, pero no es porque el perro ladraba mucho. Es porque el papá de los niños dice que si entra un ladrón a la casa, basta que él grite la palabra y Ladrón va a correr a sentar sus dientes en los tobillos del intruso. No hay perro en el mundo que tenga dientes tan filudos como los de Ladrón.

Perro Ladron color

UN ESTANQUE PARA TICO

Tico tenía un estanque hecho especialmente para él. Ramón, a quien le gusta buscar información en la Internet, había estudiado todo acerca de las tortugas y sabía que el estanque tenía que ser por lo menos 5 veces más largo que la tortuga, 4 veces más ancho, y 2 veces más profundo, midiendo desde la cabeza hasta la cola. Ramón había ayudado a su papá a hacer el estanque.

¿DÓNDE ESTARÁ TICO?

Comida había de sobra en el jardín, entre plantas, insectos, y gusanos. Tico era buen buceador y constantemente se zambullía en el estanque. Otras veces se escondía en un rincón del jardín que era su preferido. Por eso Ramón y Rosa no se preocuparon mucho cuando volvieron de la escuela al siguiente día y no vieron a Tico. Pero cuando pasaron dos días y Tico no asomaba la cabeza, Rosa empezó a angustiarse. Ramón también estaba preocupado; pero como era el hermano mayor, y varón, quería mostrarse valiente, así que puso cara de despreocupado.

¿Y Tico? Él había decidido ir en busca de aventuras, y pensaba que tal vez podría encontrarse una novia. Si se quedaba en el jardín viviría solo el resto de sus días.

ROSA EXTRAÑABA A SU TICO

–Mamá, ¿qué podemos hacer con lo de Tico? –preguntó Rosa–. Yo echo de menos a mi tortuga.

–¿Será que Tico ha querido escapar de Ladrón? –sugirió la mamá–. Fue un golpe duro para la tortuguita caer de cabeza.

Luego tuvo una idea. Le dijo a su hija la mejor cosa que podemos hacer en cualquier circunstancia.

–Hijita, me parece que debemos orar por Tico. ¿Recuerdas la historia de la oveja que se perdió? El pastor angustiado la buscó hasta encontrarla.

–Pero yo no sé dónde buscar –dijo Rosa–. Tico es tan pequeño que tal vez lo haya atropellado un auto. O se lo ha comido un perro grande.

–Dios sabe todas las cosas, hijita. Pidamos que cuide a Tico y que lo haga volver. ¡Y que vuelva sano!

Madre e hija se arrodillaron y oraron, pidiendo un milagro.

Dos días más tarde, ocurrió algo de lo más curioso. Cuando los niños volvían de la escuela vieron una fila de autos detenidos, y algunos choferes tocaban impacientes la bocina. Unos gritaban: ¡Vamos! ¡Muévanse! Otros: ¿Qué pasa? ¿Por qué no avanzamos?

UNA TORTUGA EN EL CAMINO

Y allí, en medio de la calle, delante de todos los autos detenidos en fila, una tortuguita cruzaba lentamente la calle.

Rosa corrió hacia la tortuga. ¿Sería Tico? Ahora su tortuguita tenía una marca; le faltaba un pedazo del cascarrón. Y a la tortuguita que cruzaba la calle, ¡le faltaba justamente ese pedazo!

–¡Tico, mi amor! ¿Dónde has estado? –preguntó Rosa al momento que recogía a su amada mascota.

Corrió inmediatamente hacia la vereda para que pudieran pasar los autos, con todos los choferes impacientes.

PERDIDA Y ENCONTRADA

–¡Encontré a mi tortuguita! ¡Encontré a mi Tico! –gritaba Rosa por todo el vecindario, lo mismo que el pastor hizo cuando encontró la oveja que se le había perdido.

Esa noche, cuando la familia se sentó a la mesa para cenar, como de costumbre el papá leyó una porción de la Biblia. Decidió leer Lucas 15, donde habla del pastor y la oveja perdida, pero encontrada. Tal como Tico. Todos dieron gracias a Dios por cuidar a la tortuguita aventurera y traerla de regreso a su casa.

¿Encontró novia el pequeño Tico? Ese es su secreto, cosa que nunca sabremos.

¡Hay más alegría en el cielo por un pecador perdido
que se arrepiente y regresa
a Dios que por
noventa y nueve justos que no se extraviaron!
Lucas 15:7, NTV

Para imprimir: La tortuga que se perdié

Hoja para colorear; Tico y Ladrón

Títeres: Tico y Ladrón

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