La hormiga y la sandía

«¡Anda, perezoso, fíjate en la hormiga! ¡Fíjate en lo que hace, y adquiere sabiduría!» –Proverbios 6:6

Había una vez una hormiguita que estaba de paseo. Su mamá le había dicho que tenga cuidado porque había muchos peligros en el mundo, especialmente los zapatos de los seres humanos. En un dos por tres la podían matar.

La hormiguita salió de su casa que quedaba debajo de la casa grande de esos seres humanos con zapatos matadores. Fue avanzando cuidadosamente por la grama del jardín. El sol brillaba y unos pajaritos gorjeaban alegres. El cielo estaba despejado; no había ni una nube. El paseo prometía ser muy hermoso.

De repente la hormiguita vio algo grande y redondo. No podía imaginarse
lo que sería pero como era una hormiga curiosa tenía que ir a investigar.
Tuvo que trepar… ¡arriba, arriba, arriba! … parecía una cuesta interminable.

¡Por fin llegó a la cima!

Eso verde, que parecía un gran mundo redondo, era un inmenso hueco. Pero, ¡qué rico olía! El sabor era delicioso. La hormiguita saboreaba. Se echó de espalda en medio de ese tremendo hueco, miró hacia el cielo, escuchó el gorjeo de los pajaritos. ¡Y recordó!

Su mamá hormiga le había enseñado que hay que compartir, ¿Compartir ese inmenso y deliciosos descubrimiento? Lo que más le daban ganas de hacer era quedarse por siempre disfrutando del delicioso nuevo mundo que había descubierto.

Ella sabía que las hormigas no son egoístas y que también son trabajadoras. Así que antes de acomodarse demasiado en su nuevo mundo, trepó por la pared de esa cosa verde, que por dentro era blanca y rojiza, y fue a casa para dar aviso a sus hermanos y sus amigos de que allí, en medio de la grama de esos seres humanos con zapatos matadores, había un algo, no sabía qué, pero muy delicioso.

Todos formaron fila y desfilaron siguiendo a la hormiguita. Ella se sentía muy orgullosa de haber descubierto algo tan delicioso y atractivo que todos los de su mundo de hormiga la seguían emocionados.

Ese día comenzó un arduo trabajo en Hormigolandia. Poco a poco fueron cavando en ese nuevo mundo, llevando cada uno lo que podía en su espalda para almacenar el dulce néctar en su casa, debajo de la casa grande.

Una mañana la hormiguita se levantó más temprano que las demás hormigas y se fue a su mundo de delicia. ¡Qué sorpresa se llevó! Ese inmenso y desconocido mundo se había convertido en una bolita casi invisible. Pero en su casa, debajo de la casa grande, había cualquier cantidad de comida, algo que podría durarles todo el invierno.

¿Qué había pasado? La hormiguita había descubierto medio cascarón de sandía que alguien había tirado en la grama. Y ella, por haber sido generosa, había contribuido a que en Hormigolandia hubiera alimento de sobra. ¡Para todo el invierno!

 Así también tú aprende a ser generoso y comparte.

 

Historia para imprimir: La hormiga y la sandía

Hoja para colorear: Hormigas trabajadoras

Actividad bíblica: Aprende de la hormiga

 

Copyright texto: HermanaMargarita.com

Copyright arte: Cristina Alvarez Jáuregui

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