Un concurso en Hormigolandia

Se acercaba el invierno. Las hojas comenzaban a caer de los árboles  y hacía cada vez más frío.

La hormiguita PIGUI trabajaba presurosa, reuniendo hojitas dulces, semillas, y todo lo que pudiera servir para comer durante la temporada de frío. Ella sabía que en el invierno no podía salir de Hormigolandia, el gran castillo donde vivía, porque se podría congelar de frío. Iba y venía con mucha prisa.

UN GRAN CONCURSO

En el castillo de Hormigolandia la reina hormiga miraba muy preocupada los almacenes de comida casi vacíos.

–Necesitamos más alimentos para el invierno –dijo–. De lo contrario, nos moriremos de hambre.

Llamó a sus soldados y ordenó que reunieran a todo el pueblo.

Inmediatamente los soldados obedecieron las órdenes de la reina y reunieron a todas las hormigas para que escucharan lo que ella tenía que decir.

–Mis queridas hormigas –comenzó su discurso la reina–, no tenemos suficiente comida para el invierno y he pensado en hacer un concurso para que podamos reunir muchos alimentos. Cada hormiga recibirá una canasta para reunir comida. La primera hormiga que llene su canasta recibirá como premio una brillante medalla de oro.

–¡Bravo! –gritaron todas las hormigas y se fueron corriendo para llenar sus canastas.

Pigui y sus amigas corrieron por el bosque buscando comida.

TODAS LAS HORMIGAS TRABAJARON

–¡Uf, uf, cuánto trabajo hay! –dijo una hormiga, suspirando.

–Estoy transpirando la «gota gorda» –dijo una hormiga grande y gorda llamada Icky, y se sentó a descansar.

–¡Eso es, descansa! –le dijo el pequeño Juan, corriendo velozmente–. Así yo podré ganar la medalla.

Juan corría tan de prisa que no se dio cuenta de una pequeña piedra en al camino, y ¡pum!… se cayó.

LILI SERÍA LA GANADORA

Pasó el tiempo y sólo faltaba un día para que llegara el invierno. Todas las hormigas se levantaron muy temprano para terminar de llenar sus canastas.

Parecía que Lily iba a ser la ganadora, porque su canasta estaba casi llena. Pero, al último momento, sucedió algo terrible para ella. Se lastimó la patita y no pudo seguir caminando. En medio del bosque se puso a llorar.

–Bua, bua, justo cuando iba a ganar la medalla –se quejaba la hormiga.

De pronto oyó unos pasos que se acercaban. Ojalá que alguien pueda ayudarme con mi trabajo, pensó.

Era el pequeño Juan que trabajaba con todo afán.

–Ayúdame, Juanito –le rogó Lily–. Me he lastimado.

–Lo siento mucho –contestó el pequeñín–. Quiero ganar el concurso. Si me quedo para ayudarte, perderé.

–Bua, bua –siguió llorando Lily.

UNA MANO DE AYUDA

En ese momento alguien más se acercó. Era Pigui.

–¿Por qué lloras? –le preguntó a Lily.

–Necesito que alguien me ayude a llevar comida a mi canasta.

–Yo te ayudaré –le dijo Pigui.

–Si tú me ayudas no ganarás la medalla –le dijo Lily.

–No importa. Lo más importante no es ganar la medalla sino ayudar a una amiga que tiene problemas.

–¿Aunque no te den el premio? –le preguntó Lily.

–¡Sí! Yo tendré otro premio. Me sentiré feliz de haberte ayudado. Ese será mi premio.

–Gracias, Pigui –dijo Lily, sorprendida, pensando en lo que había dicho su amiga.

LILY GANÓ EL CONCURSO

La buena Pigui ayudó a su amiga a llevar la comida a la canasta, mientras Lily la seguía, saltando en tres patitas.

–¡Uf, uf! ¡Qué cansancio! –dijo Pigui.

Al fin llegaron al lugar donde estaban las canastas y pusieron allí toda la comida que habían reunido.

–¡Bravo! Lily ha ganado –gritaron las hormigas.

La reina hormiga dijo:

–Señoras y señores, niños y niñas, les presento a la hormiga más trabajadora. ¡Lily será dueña de la brillante medalla!

–¡Viva Lily! ¡Viva Lily! –gritaron todos.

PIGUI MERECÍA EL PREMIO

–Un momento –dijo la campeona–. Yo no hubiera ganado el concurso si no fuera por Pigui. Ella me ayudó cuando me lastimé.

Lily contó a todos lo sucedido. ¡Pobre Pigui! Se puso roja y nerviosa porque todos la miraban.

–Es un honor tener en Hormigolandia una hormiga tan trabajadora y buena –dijo su majestad la reina–. Le daremos a ella también una medalla.

Lily y Pigui se dieron un abrazo muy fuerte, mientras todas las hormigas las aplaudían. Ese día el pueblo de Hormigolandia aprendió una buena lección. Ahora saben que lo más importante no es ganar un concurso sino ser buenos y ayudar a sus amigos.

Las hormigas no son fuertes pero
almacenan su alimento todo el verano.
Proverbios 30:25, NTV

Para imprimir: Un concurso en Hormigolandia

Hoja para colorear: El concurso

 

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