Rolando y el reloj

Rolando, un niño travieso y juguetón, no podía dejar nada en paz. Un día, se puso a jugar con el reloj que les había regalado el tío Marcos. ¿Qué crees que hizo Rolando cuando el reloj se le cayó al suelo?

Rolando estaba solo en casa. No sabía qué hacer y se puso a jugar con un hermoso reloj de pared que tenían. Era un regalo especial que les había traído el tío Marcos. Él era marinero y viajaba por diferentes lugares del mundo.

Nuestro amiguito sabía muy bien que no tenía permiso de tocar el reloj, pero… tú sabes cómo suceden las cosas de vez en cuando. De repente… ¡allí estaba Rolando con el reloj en las manos!

 LAS MANECILLAS

No te puedo decir cómo ocurrió, pero cuando Rolando menos lo esperaba… ¡el reloj apareció en el suelo! Temblando de miedo, Rolando lo levantó y lo colocó en su lugar, pero las manecillas no se movían, y no se oía el típico «tic-tac».

Rápidamente, Rolando sacó las manecillas del reloj y se fue corriendo a casa de don Felipe, el relojero del pueblo.

–Don Felipe, don Felipe, ¡ayúdeme por favor! Se me cayó al suelo el reloj que nos regaló mi tío Marcos y ahora las manecillas no se mueven. Se las traje para que me las pueda arreglar.

–Rolando, las manecillas están bien –le dijo el buen relojero–. Es el reloj que está malogrado. Si me lo traes, lo arreglaré.

–Pero son las manecillas que no se mueven –insistió Rolando–. No marcan la hora.

–Comprendo –respondió don Felipe–. Pero como ya te expliqué, las manecillas no se mueven porque algo anda mal dentro del reloj.

 EL PROBLEMA ERA EL RELOJ

–Ya me doy cuenta, don Felipe –dijo Rolando–. Le voy a traer todo el reloj para que lo arregle.

Rolando fue corriendo a su casa y bajó el reloj de la pared. Se apuró todo lo que pudo, para que don Felipe lo arreglara antes que su mamá descubriera lo que había pasado.

Mientras Rolando corría de regreso a la relojería, se encontró con su mamá.

–Hijo, ¿qué haces con el reloj que nos regaló el tío Marcos? –le preguntó ella, sorprendida–. ¿Cómo te atreviste a sacarlo?

–Mamita, no tuve la culpa –dijo Rolando–. Lo bajé un rato de la pared y luego se me cayó al suelo; pero don Felipe lo va a arreglar.

En ese momento, Rolando tuvo que confesarle todo a su mamá. Ella, como conocía al travieso muchachito, lo perdonó. Luego fueron juntos a la relojería.

LA MALDAD NO ESTÁ EN LAS MANOS

Cuando tú haces algo malo, ¿de dónde sale esa maldad? ¿De las manos?

Si robas, si peleas, si le tiras del pelo a una amiga, y tantas otras cosas, lo malo no sale de las manos. La maldad viene del interior, del corazón.

No nos hace ningún bien lavarnos con jabón o untarnos las manos con medicina.Tenemos que hacer algo con el corazón.

DIOS ARREGLA EL CORAZÓN

Dios es como un relojero. Él no empieza arreglándonos las manos, sino el corazón. Mediante la Biblia, que es su Santa Palabra, y por medio de su Espíritu Santo, Él nos hace ver lo que debemos hacer y lo que no debemos hacer. Nos dice que Jesús quiere ser nuestro Salvador.

Así como Rolando tuvo que llevar el reloj a don Felipe para que lo arreglara, tú y yo tenemos que entregar nuestro corazón a Dios para que lo arregle. Él cambia nuestra vida
y nos ayuda a portarnos bien.

CUIDA TU CORAZÓN

La Biblia dice que sobre todas las cosas debes cuidar tu corazón. Una manera de hacerlo es llevar la Palabra de Dios en tus pensamientos y guardarla en tu corazón.

He guardado tu palabra en mi corazón, para no pecar contra ti.
Salmo 119:11, NTV

 Para imprimir la historia: Rolando y el reloj

Hoja para colorear: El reloj

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