La oración de dos niños

En un pueblo apartado del Brasil vivía la familia Gómez. La pobreza y el hambre azotaban el lugar debido a la sequía.

–Querido, los alimentos se están acabando. Apenas tenemos algo para comer por unos dos o tres días –dijo la señora Gómez a su esposo.

–Sí, ya lo he notado. Pero no hay nada que hacer. Tenemos que esperar que lleguen alimentos de la ciudad.

Los días iban pasando lentamente y la escasez de los alimentos era cada día más notable.

–Hoy han llamado avisándonos que no llegarán auxilios hasta dentro de una semana –le dijo el señor Gómez a su esposa.

–¿Qué vamos a hacer?
–exclamó la señora, preocupada–. Hay sólo pan para la cena de hoy. No vamos a poder aguantar una semana. ¿Qué será de los niños?

–¡Si al menos lloviera! –dijo el señor Gómez–. Pero en esta época es imposible. No hemos tenido una gota de lluvia hace tres meses.

ERNESTO Y PATRICIA

La familia contaba con dos niños: Ernesto y Patricia, de diez y ocho años respectivamente. Ellos se habían dado cuenta de que los alimentos se estaban terminando.

–Oí decir que los alimentos no llegarán hasta dentro de una semana –le dijo Ernesto a su hermana.

–Sí, y mamá dijo que sólo tenemos pan para la cena de esta noche –agregó Patricia.

–Papá dice que sólo una lluvia fuerte podría salvarnos –dijo Ernesto.

En la escuela dominical los niños habían aprendido que para Dios nada es imposible. Patricia pensó en eso y dijo a su hermano:

–Ernesto, ¿no te parece que debemos pedirle a Dios que nos mande llluvia?

–Sí, eso sería lo mejor –dijo Ernesto.

ORARON POR LLUVIA

En ese mismo momento los niños se arrodillaron y pidieron a Dios que les mandara lluvia.

La señora Gómez, que había escuchado la conversación de los niños, tuvo lágrimas en los ojos.

Aquel día no ocurrió nada. A la mañana siguiente, los niños se levantaron más temprano que de costumbre.

–Ernesto, vamos a ver si ha llovido anoche –dijo Patricia–. ¡Apúrate! ¡Levántate, dormilón!

–Sí, ya voy. Ya voy. En un minuto estaré listo.

NI UNA GOTA DE AGUA

Ernesto y Patricia salieron al patio. Pasaron todo el día contemplando el horizonte. Ese día no pasó nada. En la noche volvieron a pedir a Dios que les mandara lluvia.

A la mañana siguiente ambos volvieron a levantarse temprano; pero no con tanto entusiasmo, porque tenían mucho hambre.

–Mira, no ha caído ni una gota de agua –dijo Ernesto.

–Parece que Dios no se preocupa en contestar nuestras oraciones –dijo Patricia–. A lo mejor está muy ocupado.

NUBES DE TORMENTA

Estuvieron conversando un buen rato. De pronto, Ernesto exclamó:

–¡Mira! ¿Qué es eso que se ve allí sobre las montañas?

–No sé. Parece que es algo negro que sube rápido.

–Sí, parece…… parece que… Sí, son nubes, ¡y nubes de tormenta! El Señor ha escuchado nuestras oraciones.

En pocos minutos el cielo se cubrió de oscuros nubarrones y resonaban truenos en la comarca. Luego se desencadenó una lluvia torrencial, que duró todo el día.

VOLVIERON LOS PECES

La lluvia llenó el río con agua, y volvieron los peces. Por la tarde, aunque estaba lloviendo, Ernesto y su papá fueron al río a pescar, y la mamá preparó los pecados para la cena.

¡Qué ricos estaban los pescados! Tanto más porque eran respuesta a la oración de dos niños necesitados.

La familia tuvo suficientes pescados hasta que llegó el camión con los víveres. Dios les había ayudado.

DIOS TE AYUDA

¿Tienes una necesidad? Con toda confianza puedes orar a Dios, en el nombre de Jesús.

«El Señor es mi ayudador; no temeré.»
Hebreos 13:6

Para imprimir la historia: La oración de dos niños

Hoja para colorear: Dios oye cuando oramos

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