La pared de protección

 Esta es la historia de un muchachito ruso que vivía en tiempos de Napoleón.

Pablo, un niño inválido, vivía en un pequeño pueblo de Rusia. Un día corrió la noticia de cabaña en cabaña de que las fuerzas de Napoleón se acercaban. Todos los que tenían las fuerzas suficientes para escapar lo hacían. Muy pronto el pueblo quedó desamparado, a la merced del enemigo.

En la cabaña donde vivía Pablo no había señal de que alguien se estaba preparando para escapar. El pobre Pablo no podía caminar y su madre era la única ayuda que él tenía. Su padre había muerto.

NO QUERÍA SER EGOÍSTA

Era de noche y Pablo tenía mucho miedo. Pidió a su madre y a sus hermanitos que escaparan y que lo dejaran abandonado a su suerte.

–Los vecinos ya van lejos –dijo–. No los puedo oír. No quiero ser egoísta. ¿Por qué tienen que quedarse conmigo? Mejor es que escapen mientras hay tiempo. Yo estoy a salvo, pues no creo que los soldados hagan daño a un pobre e inútil muchacho como yo.

–Todos estamos a salvo –respondió su mamá–. Dios no nos abandonará, aunque todos los demás lo hagan.

–Pero, mamá,  ¿no has escuchado hablar de los soldados? No son hombres, son bestias. ¿Por qué tengo que ser tan débil? ¡Soy un inútil! –dijo, casi llorando, el pobre Pablo.

UNA PARED SEGURA

–No tengas miedo, hijo. Dios no nos desamparará. Él va a edificar un muro para nosotros, una pared de protección.

–Ustedes son mi única ayuda –dijo Pablo–. Doy gracias a Dios que no me han dejado. Parece que oigo venir a esos crueles soldados. ¡Nos castigarán y quizás nos matarán! ¡No! Ustedes deben dejarme. ¿Qué derecho tengo yo para retenerlos aquí? Sufriré más viéndoles sufrir a ustedes.

–Dios es nuestro refugio y nuestro escudo –respondió su mamá–. Duerme tranquilo confiando en estas palabras:

El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen;
a su lado está para librarlos.

Finalmente, Pablo se durmió, olvidándose de su preocupación.
A la mañana siguiente sus hermanitos descubrieron «la pared de protección» que Dios había construido para defenderlos.

UNA PARED DE NIEVE

Había comenzado a nevar la noche anterior y un viento tempestuoso arrastró la nieve contra la pequeña cabaña cubriéndola por completo.

Dios mostró una vez más que no defrauda a los que confían en Él. Durante varios días, Pablo, su mamá, y sus hermanitos quedaron en la cabaña cubiertos por una pared de nieve.

En los días que el ejército de Napoleón pasó por el pueblo, todas las casas fueron saqueadas. Los soldados robaron las mejores cosas, hasta alimento y ropa. Pero a la pequeña cabaña donde vivía el inválido Pablo no llegaron. Dios los había protegido con una pared segura.

DIOS ES TU PROTECTOR

Dios no ha cambiado. Hoy también sabe proteger a los que confían en Él. Amiguito lector, no olvides jamás que Dios es tu protector. Es cierto que el ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen; él los defiende.

En cualquier peligro que te encuentres, pide que Dios mande su ángel para protegerte. Dios puede hacer cosas que ni te imaginas; cosas imposibles para el hombre. A esas cosas les decimos «milagros». Dios usó la nieve para proteger a un niño inválido en Rusia. ¿Qué usará Dios para hacer milagros en tu vida? No lo sabemos; pero…

¡Sirve fiel a Dios y verás que cada día será un milagro!

El ángel del Señor acampa en torno a los
que le temen; a su lado está para librarlos.
Salmo 34:7, NVI        

Para imprimir la historia: La pared de proteccion

Hoja para colorear: Dios nos protege

Hoja de actividad: Dios me protegió

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