Pescando con Jesús

Pedro, Juan y Jacobo eran pescadores. Una noche habían estado pescando en el lago de Galilea, pero no habían conseguido nada. Tristes lavaban sus redes a la orilla del lago.

Era una mañana hermosa, pero ellos no veían la hermosura. Pensaban en sus hijos que no tendrían qué comer. ¡Se habían esforzado mucho toda la noche y no habían pescado nada!

CUANDO VINO JESÚS

Para los pescadores iba a ser un día extraordinario. Jesús se acercó a la orilla, y como siempre, lo seguía mucha gente.

Todos estaban ansiosos de oír sus enseñanzas. Había tanta gente que lo apretaban.

–¡Pedro! ¿Me prestas tu barca? –preguntó Jesús–. Si la alejo un poco de la orilla puedo enseñar desde allí a la gente.

LA BARCA DE PEDRO

Por supuesto, Pedro prestó su barca a Jesús. ¡Qué cantidad de gente había a la orilla del mar! Todos atentos escuchaban las hermosas enseñanzas de Jesús.

Seguramente Jesús se dio cuenta de que Pedro estaba triste. Para animarlo un poco le dijo:

–No te preocupes, Pedro. Lleva la barca a la parte honda del lago, y echa tus redes para pescar.

–Maestro –le contestó Pedro–. Hemos trabajado toda la noche sin pescar nada. No importa, ya que tú mandas lo voy a hacer.

Y Pedro echó sus redes.

UNA PESCA MILAGROSA

Es verdad que ese iba a ser un día extraordinario para los pescadores. Cansados y tristes, luego de una dura noche de trabajo, ¡vieron un milagro como nunca antes!

Cuando echaron las redes, se llenaron de peces; tanto que tenían que llamar a sus compañeros para que les ayudaran. Pedro, Juan y Jacobo no podían creer lo que veían.

¡Nunca habían pescado tanto! En un rato tuvieron dos barcas llenas de peces.

UN NUEVO TRABAJO

Pedro se asombró y tuvo miedo.

Juan se asombró y tuvo miedo.

Jacobo también se asombró y tuvo miedo.

–Aléjate de mí, Señor, porque soy un hombre pecador –dijo Pedro, arrodillándose delante de Jesús.

–No tengas miedo –le contestó Jesús–. Ya no vas a pescar más en este lago. Ahora vas a andar conmigo. Juntos visitaremos pueblos y aldeas para predicar el evangelio. Pedro, ¡desde ahora serás pescador de hombres!

Y así fue.

Pedro, Juan y Jacobo llevaron las barcas a tierra, y dejando todo siguieron a Jesús.

PESCADORES DE HOMBRES

Amigo/a: seguramente no viajarás a Israel para ir de pesca en el lago de Galilea. Pero puedes ser un pescador de hombres. Es fácil: ¡cuéntales a tus amigos del Señor Jesús! Pide a Dios por ellos en tus oraciones diarias para que sean salvos. Luego invítalos a la escuela dominical o a otra reunión en la iglesia. Sentirás una inmensa alegría al «pescar hombres».

Así que llevaron las barcas a tierra y,
dejándolo todo, siguieron a Jesús. Lucas 5:11, NVI

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