El perro que cayó en un hueco

Juan y Niqui venían corriendo por la calle. Niqui era un perrito muy novedoso. Quería oler y examinar todo lo que veía. Un rato estaba en un lado y al otro rato al otro lado de la calle.

Juan tenía miedo porque pensaba que Niqui podría cruzar la calle sin fijarse, y ser atropellado.

–¡Niqui! ¡Ven!

Como Niqui era un perro obediente vino corriendo de inmediato.

–Ahora vamos a ver lo que hay por allá –dijo Juan y comenzó a correr.

UN HUECO EN LA CALLE

Pero Niqui corria más rápido y no paró hasta llegar a un hueco que había en la calle. Él estiró su cabecita y miró.

Entonces llegó Juan con bastante velocidad y Niqui se asustó. Saltó y cayó directo al hueco. No lo hizo a propósito, sino fue porque se asustó.

Juan se arrodilló y miró en el hueco. No parecía muy hondo. Podía ver a Niqui y escuchaba sus quejas.

Lo único que puedo hacer –pensó Juan–, es meterme y sacar a Niqui.

EL FONDO DEL HUECO

Pero el hueco era más hondo de lo que Juan pensaba y sintió dolor en todo el cuerpo cuando cayó contra el fondo de cemento. Casi se desmayó. Niqui, muy contento, le lamió la cara. Todo estaba oscuro. Sólo había un rayo de luz.

Después de un rato se acostumbró a la oscuridad y vio que había algunas cañerías.

Puedo subir por ellas, pensó Juan. Y comenzó a subir. Se estiró todo lo que pudo, pero no podía alcanzar hasta la calle. ¡Qué mala suerte!

¿Qué haría ahora? Tenía miedo. ¿Qué sería de él si tendría que pasar la noche allí. ¿Qué pasaría si nunca lo encontraran?

DIOS CONOCE TODO

Juan tomó a Niqui y se sentó sobre el cemento húmedo.

«No hay nadie en el mundo que sabe dónde estamos», dijo Juan. Pero tan pronto lo había dicho se recordó de algo. Un texto que había aprendido en la escuela dominical: «Señor, tú conoces todo.»

Y pensó: Jesús seguramente sabe dónde estamos y puede mandar a alguien para que nos ayude.

Juntó sus manos y oró: «Señor Jesús, ¡ayúdanos para que podamos salir de aquí!» Al haber orado se sintió más tranquilo.

¡Y luego escuchó voces!

DIOS MANDA AUXILIO

–Mira, nos olvidamos poner la tapa. ¡Espérate! Yo iré a traerla para que nadie se caiga.

–¡Socorro! ¡Socorro! ¡Ayúdenme! –gritó Juan.

El hombre de la voz miró en el hueco.

–Oye, Gómez, trae una escalera por favor. Parece que hay un niño y un perro en el hueco.

No demoró mucho hasta que Juan y su perrito estaban a salvo. ¡Qué alivio!

Cuando él le contó a su mamá lo que había pasado, dijo:

–Mamá, estoy tan contento de que Jesús sabía dónde estaba y mandó a los trabajadores para que nos saquen. Jesús sabe todo. ¿No es cierto, mamá?

¿QUÉ NECESITAS?

Dios todo lo puede. No hay nada que Él no puede hacer y que Él no conoce. Es verdad, pero hay una cosa que Dios no puede hacer, recordar los pecados que nos perdona.

Dios te ama. Puedes confiar en Él en cualquier situación de tu vida. Si alguna vez te pasara algo como a Juan y su perro Nicky, clama a Dios por ayuda. No hay nada que Él no puede hacer para ayudarte.

«Llámame cuando estés angustiado;
yo te libraré, y tú me honrarás.» Salmo 50:15, DHH

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