El anillo de oro

Te voy a contar lo que pasó una vez que Andrés visitó a sus abuelos, cuando tenía vacaciones de la escuela. Esto es lo que pasó una tarde cuando fueron de paseo: el abuelo, la abuela, y Andrés.

UN OBJETO BRILLANTE

De repente Andrés vio algo brillante en el suelo, en medio del camino. Era un objeto muy pequeño.

–¡Es un lindo anillo de oro! –exclamó el abuelo–. Debe ser muy valioso.

–¡Qué lindo! –dijo Andrés, y pegó un par de saltos. Él es experto en eso de saltos.

–¿A quién se le habrá perdido? –dijo la abuela.

–Iremos a la oficina de la policía para avisar que tenemos el anillo –decidió el abuelo–. No me parece justo nada más tomarlo.

Así es el abuelo de Andrés. Siempre hace las cosas bien hechas y como debe ser, de modo que fueron a la casucha del otro lado de la plaza, para hablar con el jefe de la policía.

¿Por qué digo casucha? Pues si vieras la oficina que tiene la policía del pueblo de los abuelos de Andrés, de seguro que dirías lo mismo. Creo que uno de estos días esa casa se va a derrumbar, pero no hablemos de eso. Volvamos a lo del anillo.

PRONTO SERÍA SUYO

El jefe de la policía era un viejo amigo del abuelo y ambos se saludaron dándose unas buenas palmadas en la espalda.

–Te presento a mi nieto –dijo el abuelo, y se veía que brillaba un poco de orgullo en sus ojos.

–Me da gusto conocerte –dijo el jefe de la policía al darle la mano–. Pareces ser un buen muchacho.

Era la primera vez que Andrés saludaba a un jefe de la policía, y en sus ojos también brilló un poco de orgullo. Dentro de sí, Andrés dijo: “Esto se lo contaré a mis amigos en la escuela.”

–Encontramos un anillo de oro –dijo el abuelo a su amigo policía–. Si alguien lo reclama, tú sabes quién lo tiene.

–Muy bien –dijo el jefe de la policía y llamó a uno de sus secretarios para que tome nota del asunto.

–Si dentro de tres meses nadie lo reclama será tuyo –le dijo al abuelo.

–No –dijo la abuela–, será de mi nieto. Él lo encontró.

–Sí, mi nieto lo encontró –repitió la abuela, y en su voz también se notó algo de orgullo.

¿Por qué los abuelos se sienten orgullosos de Andrés? Debe ser porque es su único nieto. Tienen varias nietas; pero él es el único varón.

DUEÑO DE UNA FORTUNA

Volvamos a lo del anillo. Unos meses más y Andrés sería dueño de una fortuna; eso, si nadie reclamaba el anillo.

Imagínate qué feliz estaba cuando volvió a casa. El anillo iba a ser suyo, verdaderamente suyo… un anillo de oro… ¡dentro de tres meses!

–Lo guardaré en mi cofre, bajo llave –dijo la abuela–. De allí nadie lo sacará.

Andrés tuvo que volver a la escuela sin el anillo, porque todavía no pasaban los tres meses. Aunque no tenía el anillo se consideraba dueño de una fortuna, y se lo fue contando a cada uno de sus amigos, ¡en secreto, por supuesto!

Tan pronto pudo volver a casa de sus abuelos les preguntó por el anillo.

–Está en su lugar, esperándote –dijo la abuela y fue al cofre para sacar el anillo.

Cuando Andrés lo tuvo en sus manos, sintió que realmente era dueño de una fortuna, casi dueño de todo el oro del mundo. Él no había hecho algo extraordinario, ¡no! Todo lo que hizo fue encontrar el anillo.

MIL VECES MEJOR

Algunos años más tarde, ¿sabes lo que sucedió? ¡Adivina! Andrés encontró algo mil veces mejor que el anillo de oro. Tenía doce años, y lo que encontró fue suyo inmediatamente y para siempre. ¡Qué maravilla!

¿Qué encontró? Primero descubrió algo que no le agradó. Andrés, el orgullo de sus abuelos, el único nieto varón… era pecador. ¡Imagínate! ¿Andrés un niño malo?

Ante Dios todos somos pecadores, y saberlo ni por nada le agradó; pero después supo que Jesús puede arreglar eso. Él perdona nuestros pecados y limpia todo lo malo de nuestro corazón.

Al pedirle a Jesús que perdone sus pecados, Andrés encontró la mayor fortuna del mundo: ¡la salvación! Encontrar al anillo de oro fue poca cosa; encontrar a Jesús fue mil veces mejor. Pero no fue Andrés que encontró a Jesús, sino ¡Él encontró a Andrés!

El que tiene al Hijo, tiene la vida;
el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.
–1 Juan 5:12

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