La sopa milagrosa

Margarita revolvía con el cucharón la sopa. Habas, arvejas, zanahorias, papas, tomate, cebolla, y apio cocinaban en el delicioso caldo de res. Tomó una cuchara y probó la sopa.

–¡Ah, está deliciosa! Esta sopa va a gustar a mi “familia”.

La mamá de Margarita estaba de viaje y había dejado a la niña a cargo del papá y los hermanos. Cada día le tocaba preparar algo rico para comer.

EL ALMUERZO DIARIO

–¡Vengan a almorzar! –gritó Margarita–. Ya está lista la sopa. Yo sé que les va a gustar.

Sus hermanitos entraron corriendo a la cocina. Solamente el pequeñín estaba un poco descontento.

–Yo quiero la sopa de mamá –se quejó–. No me gusta lo que cocina Margarita.

–¡Silencio! –ordenó el papá al entrar–. Debemos estar contentos de que Margarita quiere atendernos. No hay nada de malo en su comida. Ella cocina muy bien.

DIOS BENDIJO LA SOPA

Cuando el pequeñín se había calmado un poco todos se sentaron a la mesa. Como de costumbre se tomaron de las manos y pidieron juntos la bendición por los alimentos:

Padre celestial, te agradecemos por el pan de cada día.
Pedimos tu bendición y comeremos con alegría. Amén.

Margarita sirvió la sopa y todos la comieron con gusto; hasta el chiquitín que se había quejado de la comida de su hermana.

La niña sirvió a todos una doble porción, pero vio que estaba sucediendo algo muy raro. La sopa no se terminaba.

–¡Qué extraño! –exclamó–. Es como si no hubiéramos comido. La olla está casi llena.

–¡Formidable! –dijo el papá–. Ya no tienes que cocinar para la tarde. Comeremos nuevamente de la sopa.

LA VOZ DE DIOS

Pero eso no es lo que sintió hacer Margarita. Mientras miraba la sopa una voz interior le empezó a hablar: “Margarita, lleva la sopa a la familia Martínez.”

¿Qué van a hacer ellos con la sopa? se preguntaba Margarita. Sentía vergüenza de ofrecerles la sopa.

Nuevamente la voz le habló al corazón: “Margarita, la familia Martínez necesita la sopa.”

Para Margarita no era difícil saber quién le hablaba. Ella comprendió que era la voz de Dios. Sabía que tenía que obedecer y por eso decidió llevar la sopa a la casa de la familia Martínez. Y les llevó algo más que la sopa. En una canasta puso arroz, harina, azúcar, atún, leche, té, papas, y frutas.

SOPA PARA LOS MARTÍNEZ

–¿Quién quiere ir de visitas conmigo? –preguntó a sus hermanitos luego de recibir permiso de su papá.

–¡Yo voy! ¡Yo voy! –gritaron todos a una voz.

Y salieron tomados de la mano, cantando un coro de alabanza al Señor Jesús. Margarita llevaba la canasta y la olla de sopa.

Qué alegría causó en casa de los Martínez la visita de Margarita y sus hermanitos. Tímidamente la niña entregó la canasta y la olla de sopa. Pidió muchas disculpas.

–Pasen, pasen –dijo la señora Martínez–. Estábamos pidiendo al Señor algo para comer. Mi esposo no tiene trabajo y estamos pasando hambre.

UNA FAMILIA CONTENTA

Margarita miró con alegría cuando la señora Martínez sirvió la sopa a sus hijos. Ellos comieron con gusto.

–¡Qué rica la sopa! –decían, mirando con admiración a Margarita.

–¡Estaba buena tu sopa! –dijo el chiquitín cuando volvían a casa–. Ya no me voy a quejar de tu comida. Mamá no sabe hacer una sopa que alcance para tantos.

–Yo no hice alcanzar la sopa –dijo Margarita–. Es el Señor Jesús que hizo el milagro. ¿Recuerdas lo que te conté de las bodas de Caná?

SUFICIENTE PARA TODOS

–Ah, sí. Esa vez que Jesús transformó el agua en vino y hubo suficiente para todos.

–Justamente. Aquella vez Jesús transformó el agua en vino. Hoy día Jesús multiplicó la sopa.

–Entonces se puede decir que es una sopa milagrosa –dijo Perica–. Se lo voy a contar a mamá cuando vuelva de su viaje.

–Sí –respondió Margarita–, le contaremos del milagro. Pero primeramente vamos a dar gracias a Dios por habernos usado para dar de comer a la familia Martínez.

Y así lo hicieron los felices niños.

UN MILAGRO PARA TI

¿Necesitas un milagro? ¿Tienes un problema que no sabes cómo resolver? Jesús puede hacer un milagro en tu vida. Él sabe lo que necesitas y quiere ayudarte. La promesa que dio a sus discípulos es para ti también:

“Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.”
Juan 16:24, NVI

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